Qué pasó con la Fórmula 1 de València: el circuito son chabolas y el proyecto, una tumba de dinero público
elDiario.es · hace 10 h
Un millar de personas viven olvidadas en el trazado que inauguró Francisco Camps y que iba a ser a "coste cero". Se malograron 300 millones. La parcela, una de las más cotizadas de la ciudad, albergará un nuevo barrio de 3.200 viviendas
“Este es un legado de esta generación de valencianos a los valencianos del futuro”. Las palabras fueron épicas y elegidas por el expresident valenciano Francisco Camps. Era 2008 y salía en la televisión rodeado de glamour, pases VIP, pilotos, ingenieros, el magnate Bernie Ecclestone, un macroconcierto de Gloria Stefan y camiones que transportaban coches de carreras en el circuito urbano de Fórmula 1 en Valéncia, un empeño personal y del PP que iba a ser a “coste cero”.
El legado para los valencianos del futuro ha sido distinto al que dibujó Camps: al menos 300 millones de euros públicos invertidos en un fiasco y una parcela abandonada donde, entre 2008 y 2012, rugían los motores y hoy malviven cerca de un millar de personas sin agua, electricidad o gestión de residuos. Tan grave es la situación y la incomparecencia de los servicios públicos municipales que el Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo valenciano) ha abierto una investigación.
Un hombre pasea por el antiguo circuito de Fórmula 1.
“Los que viven aquí nos piden palas o cubos para limpiar estas parcelas porque aquí no viene nadie”, cuenta Ramón Pérez, vecino del barrio de Patraix y activista en València És Refugi, la ONG que lleva agua al asentamiento chabolista más grande y desconocido en la ciudad de moda para el turismo.
En 2022 empezaron a proliferar casetas. Con los desalojos de personas sin hogar en el antiguo cauce del río –una de las exigencias de Vox, que cogobierna con el PP en la ciudad–, se han multiplicado las construcciones porque aquí, de momento, no los echan.
Las curvas que tomaban las escuderías son hoy esquinas de chabolas, sillas abandonadas, puertas viejas atadas a rejas. “Solo he visto una vez a la policía por aquí. Nos pararon porque pensaban que íbamos a tirar escombros, que es otra de las cosas para las que se usa el circuito. Les mostramos el maletero del coche y les invitamos a ayudar a esta gente, pero no he vuelto a ver a nadie por aquí”, cuenta Ramón después de traer botellas de agua en el día previo a una alerta roja de calor de la que se han desentendido las autoridades locales. El poblado vive oculto y se autoabastece fuera del sistema, a una calle del mundo funcional.
Una chabola del circuito en el barrio del Grao, donde se une el puerto y el río, cerca de la Malvarrosa
Una parcela privilegiada
El trazado que ideó el PP valenciano está en una de las zonas más cotizadas hoy de la ciudad: entre el puerto deportivo, la playa de la Malvarrosa y colindante con la Ciudad de las Artes y las Ciencias. En ese barrio, el Grao –que era una zona degradada hace varias décadas y donde los alquileres están hoy a 1.400 euros–, se mult