Los migrantes que se quedaron fuera del campamento del puerto de Ceuta: "La playa no parece más vacía"
elDiario.es · hace 4 días
Pese a que 1.700 personas han sido trasladadas al nuevo campamento habilitado por el Gobierno en el puerto, la actuación no parece haber reducido de forma visible el asentamiento de la playa del Trampolín, el más grande de migrantes en CeutaConcluye el traslado de 1.700 migrantes al puerto de Ceuta: “Queremos estar seguros en el campamento”
Tirados en el suelo, con camisetas o sudaderas para protegerse del sol, sin agua que beber ni nada que comer, aún dibujaban con sus dedos la uve de la victoria. Annas ocultaba su cara con su brazo y, agotado, aún guardaba ilusión por lograr dormir esta noche en una cama bajo las carpas instaladas por el Gobierno en el puerto de Ceuta. A Kamal se le cerraban los ojos mientras esperaba las indicaciones de la Policía Nacional para seguir el camino hacia el campamento como el resto de sus compañeros. La pierna infectada de Ahmed le impidió correr tanto como sus compañeros y, en su silla de ruedas, esperaba en la playa una nueva señal de los agentes.
Cuando los policías volvieron a dirigirse a ellos, el mensaje no fue el esperado. El centro estaba lleno. Las 1.700 camas desplegadas bajo unas grandes lonas blancas ya habían sido ocupadas. Y ellos no dormirían en ellas.
Si seis horas antes miles de personas corrían enérgicas hacia el puerto, ahora cientos de ellos caminaban desfondados y sin fuerzas para emitir queja alguna. Su mirada contaba lo poco que les apetecía hablar y sus ojeras describían una noche sin apenas horas de sueño ante los rumores de un desalojo que no fue como imaginaban. Andaban cabizbajos hacia el mismo lugar del que salieron poco antes de las siete de la mañana cuando celebraban ilusionados su traslado a un centro de acogida. Pero sus plazas fueron insuficientes para albergar a los migrantes que tuvieron la opción de intentar entrar al campamento; mucho menos a los miles de marroquíes que aspiraban a ello, repartidos por los asentamientos de Benítez y Trampolín.
Un migrante pasea por una de las calles improvisadas en la playa Benítez /// Samuel Vega.
Annas empujaba la silla de Ahmed como lo ha hecho durante los ocho días en que su amigo lleva postrado en ella. Lo que primero fue una herida pasó a ser una infección que empezó a inflamar su pierna y, ahora, se extiende hasta la rodilla. “Me duele mucho, no puedo andar, está muy hinchada. Me han dicho que quizá tengan que operarme, pero siento que no me la están mirando bien... Yo no podía correr como el resto, y por eso tuve que pasar horas en la playa, con la esperanza de que alguien viniese a por mí, pero no fue así”, dice el hombre, decepcionado. “Necesito ir a un albergue. Me duele mucho la pierna. Tengo cita con el médico hoy y muchas veces no puedo ir porque no puedo ir andando ni tengo dinero para pagar un taxi. Estoy agotado”, dice el marroquí, ya de vuelta en la chabola en la que duerme desde hace semanas.
Ahmed, en una silla de ruedas por sus problemas en el tobillo.