José Manuel García, el dueño del último aguaducho de Madrid: “Se ha descuidado a los negocios tradicionales”
elDiario.es · hace 17 días
Con más de 100 años de historia, este puesto tradicional se ha convertido en un recuerdo de una ciudad en peligro de extinción
El último quiosco de horchata y agua de cebada en Madrid: 80 años de historia y cuatro generaciones de artesanos
Siempre los mismos consejos para todos: guardar la horchata cerca del fondo de la nevera, nunca en una de una de las baldas de la puerta, y, si se va a probar junto con el agua de cebada, mejor beber primero esta última para que la horchata, que tiene mucho más cuerpo, no estropee el sabor.
A sus 59 años, José Manuel García López lleva ya 21 detrás del Kiosko Narváez, un puesto pintado con franjas azules y blancas y que está adornado con fotos antiguas que hablan de su historia centenaria. Se ubica cerca de la plaza de Felipe II, en el céntrico distrito de Salamanca, no muy lejos del parque del Retiro, en Madrid. Ayudado por Milton Chung, un peruano de 43 años que, comenta, nunca ha trabajado en un lugar con tanta historia, García no se cansa.
Milton Chung, trabajador y ayudante de este kiosko elaborando una horchata.
No se cansa de preparar las bebidas que llevan dando sustento a su familia desde hace más de 100 años ni de atender clientes en mitad del calor seco e inmisericorde del verano madrileño. Tampoco de reivindicar su oficio ni de investigar y contar la historia de su negocio, que ha puesto negro sobre blanco en un libro que se puede comprar en el propio puesto por 16 euros y que resulta delicioso para los apasionados de la historia de Madrid: El kiosko de horchata de la familia Guilabert (Uno Editorial). Porque García López no regenta un quiosco cualquiera: lleva el último aguaducho de Madrid.
Llegados a la capital a finales del siglo XIX, los aguaduchos eran unos puestos de madera que a veces no ocupaban mucho más que un armario, pero desde los que se surtía sobradamente de bebidas refrescantes y artesanales a los madrileños. Negocios tradicionales y familiares que pasaban de padres a hijos, durante buena parte del siglo XX llegaron a contarse por centenares en la capital, y no había manera, por ejemplo, de salir de la Plaza Mayor sin pasar por delante de alguno. Su nombre proviene del hecho de que, antes de la llegada del imperio de la Coca Cola, lo que vendían principalmente estos negocios eran bebidas como el agua de canela, el agua de azahar o el agua de hinojo.
Sin embargo, como muchos de quienes regentaban estos quioscos eran hijos de esa migración interior que llevó a muchos españoles de la Comunitat Valenciana y Murcia a Madrid, se incorporaron pronto bebidas de estas regiones como la horchata y el agua de cebada. El invento tuvo un éxito tan arrollador que en El último cuplé, de 1957, se puede ver a la popularísima Sara Montiel y al actor Enrique Vera pidiendo ambas bebidas. Entonces, aunque hoy parezca mentira, no había un solo madrileño que no supiera lo que tomaban. “No había verbena sin horchata ni agua de cebada. Era algo muy de Madrid”, recuerda García emocionado.