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Homero Manzi: su infancia desconocida en Añatuya, su pasión por las luces de Buenos Aires y los tangos dedicados a amores secretos

Infobae · hace 1 h
Hablar de Homero Manzi es hablar del barrio de Boedo. El mismo que describe en Sur, uno de sus tangos más emblemáticos. Aquel en el que, cuando era purrete, jugaba con Cátulo Castillo y Sebastián Piana, con quienes años más tarde compondría piezas como El último organito, con el primero, y Milonga sentimental, Milonga del 900, Milonga triste y Papá Baltasar, con el segundo. Sin embargo, a pesar de haber sido uno de los mayores referentes de la porteñidad, el poeta no había nacido en Buenos Aires.Homero Nicolás Manzione, como había sido anotado por sus padres, llegó al mundo el 1 de noviembre de 1907 en Añatuya, Santiago del Estero. Era un lugar con muy pocos habitantes, que por aquellos años ni siquiera llegaba a ser considerado un pueblo. De hecho, tampoco tenía una estación de ferrocarril, así que todo lo que se cosechaba en el campo tenía que ser transportado en camiones hasta La Banda, donde sí había trenes como para hacer el traslado de la mercadería a la Capital Federal. Los niños nacidos allí no tenían acceso a la educación.Es por eso que Luis Manzione y Ángela Prestera, padres de Homero y de sus siete hermanos, decidieron que lo mejor era que sus hijos se instalaran en Buenos Aires una vez que alcanzaran la edad escolar. Y los dejaron al cuidado de una tía que vivía en una casa situada en la calle Juan de Garay 3251, en Pompeya, y que fue quien se encargó de llevarlos a la escuela. Después, finalmente, donaron unos terrenos para que Añatuya pudiera tener su propia estación de trenes. Y el progenitor del poeta llegó a ser intendente ad honrem del lugar. Para entonces, Homero ya estaba acostumbrado a las luces de la gran ciudad.Así las cosas, los primeros años del autor en la estancia santiagueña donde vivió hasta sus 9 años se convirtieron en un verdadero interrogante. La película Homero Manzi, un poeta en la tormenta, de Eduardo Spagnuolo, muestra en su comienzo algunas vivencias ligadas a los aromas y los amaneceres característicos de Añatuya. Pero no mucho más que eso. A pesar de que tanto él como sus hermanos volvían todos los años a pasar sus vacaciones en ese lugar. Sin embargo, eran tiempos en los que había muy poco registro de las cosas.
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