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La ficción persistente del concepto “yo me hice solo” y la idea de justicia en el diálogo con los muertos y los no nacidos

Infobae · hace 59 min
Hay frases que uno escucha y sigue de largo. Otras quedan dando vueltas durante horas. Una de ellas plantea una pregunta mucho más antigua que cualquier computadora: ¿qué es lo que más distingue a la humanidad?La respuesta no está solamente en la inteligencia, ni en el lenguaje, ni en la capacidad de construir ciudades, inventar máquinas o llegar a la Luna. Hay algo bastante más extraño y profundo: nuestra capacidad de trabajar con los muertos.Porque casi todo aquello que creemos propio llegó hasta nosotros desde alguien que estuvo antes. El idioma que hablamos no lo inventamos. Tampoco las matemáticas, las leyes, la arquitectura, la medicina, la música, la agricultura o las formas elementales de organizar una sociedad. Hasta el pan que ponemos sobre la mesa es una conversación con los muertos. Detrás de una receta hay generaciones que aprendieron a transformar el trigo, a molerlo, a mezclarlo, a fermentar una masa y a descubrir que aquello que parecía una simple mezcla podía convertirse en alimento. Nadie que hoy amasa un pan comienza desde cero. Recibe una herencia, la modifica y, si hace las cosas bien, la entrega nuevamente.La humanidad funciona así. Y esta constatación adquiere una importancia particular en una época en la que determinadas corrientes políticas colocan en el centro de su discurso la autonomía individual, la libertad personal y la idea de que cada persona debe resolver su vida sin depender de los demás. La discusión política puede ser legítima y necesaria. Podemos discutir cuánto Estado, cuánto mercado, cuánta regulación o cuánta responsabilidad colectiva necesita una sociedad. Pero hay una cuestión anterior a cualquier ideología: el ser humano jamás empieza desde sí mismo, necesita de otro, hasta para comenzar a ser humano, se necesitan dos personas. Incluso aquel que proclama con mayor énfasis “con la mía no se metan” está utilizando una lengua que no creó, una moneda que no inventó, caminos que otros construyeron, conocimientos que otros descubrieron y leyes que fueron pensadas por hombres y mujeres que, en muchos casos, llevan décadas o siglos muertos.Su propia idea de independencia es posible gracias a una inmensa dependencia.
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