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Te imagino al tanto de las últimas noticias. No habrá acuerdo entre el Frente Amplio y Podemos. Sí hay pacto entre el PSOE y el Frente Amplio para el Senado.
Entre el Frente Amplio y las confluencias de Canarias y la Comunitat Valenciana suman 15 partidos distintos. El decimosexto se ha quedado fuera. Ha sido más fácil para todos ellos pactar con el PSOE que con Podemos.
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“Yo planteé un proyecto y ese proyecto ha fracasado”, dijo el viernes Gabriel Rufián. “He fracasado”, insistió. También pidió “disculpas a la ciudadanía por el espectáculo dantesco” y confesó: “Me he planteado irme”. No lo hará, aclaró, porque “sería decepcionar a mucha más gente”. Dice que se queda “por responsabilidad”.
Es un fracaso muy peculiar. Porque todo lo ocurrido, al mismo tiempo, supone un éxito para el propio Rufián. Por tres motivos.
Primero, porque ha reforzado su posición dentro de ERC. Rufián tenía muy mala relación personal con la mitad de los diputados de Esquerra en el Congreso, con quienes apenas se hablaba. La posibilidad de liderar a la izquierda –que aumentó su tirón electoral– le ha dado más fuerza para negociar con Oriol Junqueras un equipo más afín. El resultado: en la nueva lista de ERC al Congreso no repetirán Francesc-Marc Álvaro, Pilar Vallugera ni Jordi Salvador, tres de los diputados con los que peor relación tenía.
Segundo, porque Rufián se lleva los votos de Podemos en Catalunya. No eran muchos, pero tampoco irrelevantes: en las últimas europeas, la candidatura de Irene Montero obtuvo 94.000 votos en la provincia de Barcelona. Una cifra que puede inclinar la competición entre ERC y el Frente Amplio en estas generales. En las anteriores, Sumar –con Podemos dentro– superó a ERC en Barcelona por 77.000 votos.
Tercero, porque este desenlace deja muy tocados a los Comuns, uno de los principales competidores de ERC.
Rufián planteaba que la izquierda española y la izquierda soberanista debían confluir en el partido más votado de cada circunscripción. Pero su propuesta encerraba una evidente contradicción: en Barcelona, la fuerza más votada a la izquierda del PSOE en 2023 fue Sumar, no ERC. Pese a ello, encontró más respaldo y generosidad entre dirigentes de los Comuns –como Ada Colau y Gerardo Pisarello– que en la dirección de ERC, que siempre se cerró en banda a este acuerdo. Junqueras solo aceptaba la fórmula con la que finalmente ha transigido Podemos: incorporar a la lista electoral a alguna persona como independiente, con un perfil lo menos conocido posible y en un puesto sin el escaño asegurado. Podemos se lleva el sexto por Barcelona, donde ERC tiene ahora cuatro diputados. Para Esquerra es un regalo. Para Rufián también.
Así que no, Rufián no ha fracasado en estos tres frentes: el interno, el electoral y el de la competencia. En los tres sale ganando. El final del culebrón le ha dejado buenas cartas, aunque tampoco creo que esta carambola fuera su plan. Estoy seguro de que habría preferido otro final. No miente cuando dice que lo vive como un fracaso.
Honestamente, creo que Gabriel Rufián sí quería unir a la izquierda. Habría preferido una lista conjunta en Catalunya, como las que sí se han logrado en la Comunitat Valenciana o en Canarias sin tantos reproches ni alharacas. No dudo de que su intención fuera buena. Pero las buenas intenciones no siempre bastan.
En su ya larga carrera política, Rufián ha demostrado dos cosas: un olfato privilegiado para la táctica, una enorme ceguera estratégica. Es el mejor en las redes sociales, quien primero entendió el lenguaje de los jóvenes, el de los zascas y los memes. Sabe captar la atención y leer la pulsión de su gente. Al mismo tiempo, esa habilidad insuperable para subirse a las olas y acertar con los tuits más afilados, en ocasiones, le conduce al desastre. Es lo que pasó con sus famosas “155 monedas de plata”, que cambiaron para siempre –y para mal– la historia de Catalunya y de España.
El mejor en la táctica, el peor en la estrategia. Como demostró con su oposición a la reforma laboral porque no le interesaba que Yolanda Díaz tuviera esa victoria –¡menos mal que Alberto Casero salvó a dos millones de trabajadores en precario que hoy tienen contratos indefinidos!–. O como ha vuelto a demostrar esta semana, con ese pacto entre ERC y Podemos que ha acabado siendo determinante en la ruptura definitiva de la izquierda.
No hubo maldad, sí algo de narcisismo. Rufián sobreestimó su poder, su capacidad de arrastre. Pensó que su tirón electoral era tan grande que podría mover el centro de gravedad de todos los partidos, incluido el suyo. El preferido de todas las encuestas estaba