Madrid se nos ha llenado de maletas, alcalde. Hay horas, y sitios, en que uno no sabe si está en una capital europea o en la cinta de recogida de equipajes de Barajas. Obviamente, no me quejo de que venga gente. Al contrario. Madrid siempre tuvo vocación de enclave sin cerrojos. Aquí uno llegaba de Cuenca, de Buenos Aires o de Lima y al tercer día ya era madrileño. Lo de hoy ya es otra cosa. La ciudad, a ratos, ya no parece llena de peatones sino de pasajeros. Y ahí en medio, la maleta es el mueble del que no piensa quedarse. Por eso tiene algo estupefaciente, eso de ver tantas maletas por ahí, al trote. Una maleta contiene... Ver Más