Ser presidente de Ceuta no consiste en protagonizar el papel de víctima y mucho menos el de marioneta de Feijóo al servicio de los intereses partidistas de Génova, que es el que hoy desempeña VivasSin filtro es un boletín exclusivo para socias y socios de elDiario.es: recíbelo cada semana en tu correo
¿Armas en el Congreso? Ese es un capítulo sobre el que el PP debería reflexionar a fondo. Pero también sobre su papel en la crisis de Ceuta, la ciudad que envenena los sueños del Gobierno. Otra vez, el interés partidista por delante de los Derechos Humanos. Otra vez, las verdades a medias. Otra vez, una encarnizada lucha por el relato, las medias verdades y las mentiras completas. Otra vez el discurso del odio y la violencia. Otra vez la torcida opinión publicada. Y otra vez el bloqueo como única respuesta. En el medio, más de un centenar de muertos de los que ya nadie se acuerda y miles de migrantes que tienen nombre, aunque solo se hable de ellos en cifras que se utilizan como munición política.
Con todos los errores cometidos por el Gobierno de España, que los hubo durante los dos últimos días de julio y buena parte de agosto, no hay explicación que pueda adornar la falta de cooperación entre administraciones para dar solución LEGAL a los miles de marroquíes -menores y mayores-, que mes y medio después de la entrada masiva siguen a la intemperie por las calles y las playas de Ceuta.
Que el PP de Alberto Núñez Feijóo haya confirmado que secundará junto a Vox la concentración convocada para este sábado por la asociación Sociedad Civil Española, liderada por personajes como Marcos de Quinto o Mayor Oreja “en defensa de la integridad territorial de España y contra la invasión de las ciudades españolas” es la enésima demostración de que lo que verdad importa no es Ceuta, ni los ceutíes, ni los menores, sino tumbar a Sánchez.
La ciudad autónoma, en realidad, es una excusa porque la protesta incluye desde una presunta defensa a jueces y fiscales, a las Fuerzas Armadas, a la Policía y la Guardia Civil y a “todos los funcionarios públicos y medios de comunicación que cumplen con su obligación”. Todo “para que se devuelva la dignidad y la palabra a los españoles y se publique la convocatoria de elecciones generales antes del 15 de noviembre”. No se trata, pues, de defender a Ceuta, sino de agitar la calle y reclamar unos comicios que, por otra parte, el PP lleva pidiendo desde el mismo día en que Sánchez fue investido.
Lo que no detalla Feijóo es cómo resolvería un hipotético gobierno de PP-Vox la crisis: si con la ley o con la fuerza. ¿O es que las comunidades autónomas gobernadas por las derechas abandonarían con Feijóo en La Moncloa la actual resistencia a acoger a los 3.000 menores? ¿El gobierno de Juan Jesús Vivas volvería a la lealtad y la cooperación que ha perdido?
Si hoy aún quedan cerca de 1.000 menores sin protección y asistencia en Ceuta es, además de porque el Gobierno de Sánchez minusvaloró la magnitud de la crisis durante semanas, es porque así lo han decidido los populares con una feroz estrategia de confrontación y bloqueo. Vivas ha hecho de la presión sobre La Moncloa su principal respuesta política a la crisis y convertido cada desencuentro en una batalla política. La inmigración, los retornos, el asilo, la protección de los menores y la cooperación con Marruecos están sometidos a leyes y a acuerdos internacionales, pero requiere sobre todo de un trabajo conjunto entre administraciones.
Ser presidente de Ceuta no consiste en protagonizar el papel de víctima y mucho menos el de marioneta de Feijóo al servicio de los intereses partidistas de Génova, que es el que hoy desempeña Vivas. Repasemos algunos momentos.
Bloqueo de infraestructuras y espacios logísticos: el Gobierno aprobó el Real decreto de declaración de emergencia y la habilitación de espacios en el marco de la designación del Mando Único, pero la relación de inmuebles sufrió una modificación sustancial motivada por los vetos institucionales de la Ciudad Autónoma. Los pabellones y polideportivos municipales fueron eliminados como centros de triaje y de acogida de urgencia. Fue el caso del polideportivo Díaz-Flor, el de Guillermo Molina, el antiguo Hospital Militar, el Acuartelamiento Coronel Fiscer, la antigua Fábrica de Harinas, que fue desestimada de forma definitiva tras la paralización y el veto técnico-político de la administración local una vez iniciados los primeros trabajos.
El choque institucional y la escalada discursiva: a finales de agosto, Juan Jesús Vivas rechazó de plano ceder cualquier instalación deportiva de titularidad municipal. “Tendrán que sacarme de ellos”, “Ceuta ya se ha quedado sin ferias ni parques y no se va a quedar sin polideportivos”, fueron algunas de sus declaraciones altisonantes para acusar al Gobierno central de falta de “lealtad” por incluir estas opciones en los borradores de trabajo.