Madrid, 1 nov (EFE).- El uruguayo Martín Satriano fue líder, asistente y goleador de la reacción en la segunda parte del Getafe, combinado con el turco Enes Unal, para levantar el 0-1 en contra y derribar por 3-1 al Sevilla, que se conformó demasiado pronto con una ventaja mínima, acusó falta de ambición y fue doblegado entre las protestas del 2-1 de su rival. La polémica se centra en el gol decisivo, en el minuto 74. Una hipotética falta revelada por la bandera arriba del juez de línea, pero no señalada por el árbitro principal, Víctor García Verdura, admitió las interpretaciones divergentes en uno y otro lado. Contacto hubo, no pareció para falta. Algunos jugadores del Sevilla se pararon, la acción siguió, Enes Unal centró al área y Satriano remató con un bonito taconazo el gol. La revisión del VAR, con el colegiado frente al monitor, validó el tanto y la victoria del Getafe, con un nombre por encima de todos. Satriano estuvo en todo en ataque en la segunda parte. En cada una de las ocasiones de su equipo y en los dos goles, el primero como pasador y el segundo como definidor. Al final, incluso, fue el objeto de falta en la expulsión como último hombre de Manu Bueno. Tres puntos fundamentales. Y una advertencia para el Sevilla.Porque hay demérito también del Sevilla, que sólo ha ganado en una de las últimas cinco jornadas. Su segundo tiempo fue deficiente. Antes, fue pura pegada para tomar ventaja en el marcador. No había rematado ni fuera ni a portería, cuando el partido se adentraba en el minuto 19. El saque de esquina lo botó Félix Correira, de dentro hacia afuera, nada cerrado, fuera del foco de David Soria, para la entrada de Kike Salas. Su cabezazo fue imponente, perfecto, también solitario. Djené perdió la marca. En los tiempos actuales, aún advertido y sofocado por su sobresfuerzo tensionado en la Copa del Rey ante la Lebrijana el jueves, ubicado en puestos de descenso al inicio de su encuentro por primera vez desde la primera jornada de esta Liga y goleado por el Lugano en su última aparición en casa, el gol fue aún más duro para el conjunto azulón, el único que había propuesto algo hasta entonces. Pero el fútbol es el gol. La diferencia entonces estaba ahí. El testarazo de Boselli en una irrupción en el área, por los primeros minutos, se marchó fuera. El de Kike Salas fue incontestable, más allá de desatenciones defensivas en el área.
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