Miren, hay un momento en el que los números dejan de ser accidentes aislados y empiezan a parecer un patrón. Dos trenes descarrilados en la misma línea. Ciento quince personas muertas en diez meses. Una línea de transporte vital que, sencillamente, no ha recibido la inversión ni la supervisión requerida.
El ministro Puente sigue en su puesto. Dice que lo que toca es investigar. Bonita frase. Pero responsabilidad política no es una abstracción: es saber que cuando tu cartera falla dos veces en tan poco tiempo, algo no funciona en tu gestión.
¿Y saben qué es lo de verdad indignante? Que nadie quiso arreglar esto cuando había tiempo. Los recortes en ferrocarril vienen de lejos. Adif agoniza bajo sus deficiencias. Cuando ingenieros llevaban años alertando que la seguridad estaba al límite, los Gobiernos seguían mirando para otro lado. Porque arreglarlo cuesta dinero.
Las decisiones que matan no siempre se toman con un arma. A veces se toman en un despacho, cuando alguien firma un presupuesto que no incluye lo que debería incluir.
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