Los vecinos de Ifema que huyen de la Fórmula 1: "Nos iremos de Madrid aunque mis hijos deban faltar a clase"
elDiario.es · hace 12 días
Francisco, Eugenia o Isabel son algunos de los residentes de Las Cárcavas y el entorno residencial del Gran Premio de F1 que se irán el fin de semana para huir del ruido por el circuito. Una plataforma vecinal estimó que el sonido puede superar los 100 decibelios, el doble de lo permitido habitualmenteUn colegio público de Madrid excusa a sus alumnos de ir a clase por la Fórmula 1 pero les ofrece entradas para la 'fan zone'
Este año Madrid ha hecho doblete de eventos grandes, multitudinarios e inusuales. Primero fue la visita del Papa León XIV justo antes del verano, rompiendo con más de una década sin que un pontífice visitara la capital. Y ahora llega la guinda del pastel, de la que tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid han alardeado por su alto impacto internacional y el retorno económico esperado: el Gran Premio de Fórmula 1, en el que Ifema ya ha gastado casi 200 millones de euros en el circuito. Ambos hitos, tanto el viaje apostólico como ahora el espectáculo deportivo, tienen en común ser acontecimientos de gran calado sucedidos casi en paralelo. Y algo más: las instituciones han desplegado en ellos recursos propios, flexibilizado normativas, alterado la normalidad en las escuelas e incluso expulsado indirectamente a los vecinos de forma temporal de sus casas.
Las autoridades han defendido que este tipo de eventos “compensan” a Madrid por el beneficio económico. Pero entre sus vecinos muchos han tenido que apañárselas para salir de casa ante la llegada de miles de visitantes en sus barrios y el ruido ensordecedor, primero por las obras y ahora por las carreras. “Mi vecina lleva desde junio teletrabajando en Isla Cristina (Huelva) solo porque no quería saber nada de la Fórmula 1”, confiesa Constantino Blanco, que además de ser vecino de Hortaleza –el distrito que atraviesa el circuito, junto con el entorno de Barajas y Valdebebas– es desde hace meses el portavoz de la principal plataforma civil de residentes aliados contra las afecciones del Gran Premio. Primero intentaron pararlo en los tribunales y dar marcha atrás al plan, pero no lo consiguieron.
Aunque aún esperan a una resolución de la justicia que determine si el evento cumple o no con la legalidad (eso sí, a posteriori), muchos ya hacen las maletas para alejarse el fin de semana de un circuito que puede llegar a superar los 100 decibelios de media según las estimaciones que hacen vecinos y expertos. El límite habitual en zonas residenciales como esta es de 55 decibelios. “Que se vengan ellos a vivir aquí, a ver si creen que compensa. Nos iremos de Madrid aunque mis hijos tengan que faltar a clase”, afirma con rabia e ironía Francisco R.S, vecino de Las Cárcavas que desde el jueves se recluirá en una casa familiar en Marbella.
Que se vengan ellos a vivir aquí los que dicen que esto compensa, a ver si siguen creyendo que es así
Francisco R.S.
— Vecino de Las Cárcavas (Madrid)
El barrio madrileño de Las Cárcavas es el lugar donde colindan los distritos de Hortaleza y Barajas. Es decir, el epicentro del ruido entre el 11 y el 13 de septiembre. Desde que se creó la Plataforma Stop F1 en Madrid, donde participan muchos vecinos de este y otros puntos afectados, tanto los residentes más activos contra el evento como aquellos que lo temían comenzaron a buscar alternativas desde las que huir del ruido. Cuando a finales de agosto el Tribunal de Instancia número 18 de Madrid declinó conceder las medidas cautelares para suspender el Gran Premio, que había solicitado otra plataforma ecologista, ese proceso se aceleró.
En el instituto donde estudian los dos hijos mayores de Francisco, que ni siquiera está en la zona más próxima a Ifema, no aceptan como falta justificada para el viernes una salida por la F1. En cambio, tanto para el día que arranca el circuito como este mismo jueves (cuando empiezan los cortes de tráfico) ha habido empresas o escuelas en Madrid que han excusado a sus empleados y estudiantes, permitiéndoles no acudir a las instalaciones mientras duren estas afecciones.
Unos colegios permiten faltar a clase, otros no
El Ayuntamiento de Madrid había recomendado el teletrabajo a las compañías privadas de la zona, dadas las restricciones de movilidad. En el colegio público Juan Zaragüeta, situado junto a la M-40 y a muy pocos metros del recinto, se ha enviado una circular a las familias en la que se advertía del tráfico y los atascos para acceder al centro, instando a los responsables del alumnado a “tenerlo en cuenta” por si necesitan “modificar sus horarios en función a ello”. “Por supuesto esos dos días habrá flexibilidad absoluta en las entradas y en las salidas, no teniéndose en cuenta los retrasos ni las ausencias”, notifican, abriendo ya oficialmente la puerta a no pisar el aula si se considera inaccesible.