Una máquina excavadora amarilla y ruidosa muerde la roca de Ceuta para hacer hueco a más muertos . Trabaja a destajo en la ampliación del cementerio musulmán de Sidi M'Barek, que se quedó pequeño después de la avalancha de cuerpos ahogados del asalto del Tarajal. A cinco palmos de tierra bajo la superficie descansan los fantasmas de los que nadie habla, el precio más alto de la invasión del 30 y 31 de julio que pagaron con sus propias vidas. Nadie ha pagado más, porque no se puede pagar más que con la muerte. Noventa personas han sido enterradas en las fosas comunes del camposanto, más abajo de la mezquita, en los bancales que van a dar a Loma Colmenar,... Ver Más