Una traición entre narcos y casi 4.000 muertos: la guerra interna del Cártel de Sinaloa desangra México
elDiario.es · hace 9 días
La guerra interna del cartel mexicano cumple dos años y deja casi 4.000 muertos mientras Estados Unidos presiona a Claudia Sheinbaum con órdenes de captura contra políticos a los que vincula con el narcotráficoMéxico, el día después de “El Mencho”: por qué la caída del capo puede tener el efecto contrario
Fernando Alan Chaidez tenía 24 años, había terminado sus estudios de Derecho y era un hijo ejemplar. “No salía, no había probado una gota de alcohol”, dice su padre, Bryan Humberto Chaidez Osuna. El 13 de enero de 2026, el joven fue acribillado a balazos cuando regresaba del gimnasio en Culiacán, la capital de Sinaloa, en el noroeste de México. Junto a él, su novia Rosa Guadalupe, también veinteañera, recibió diversos impactos de bala, pero se salvó de milagro. La versión oficial es que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado. Viajaban en un Honda blanco que fue tiroteado desde un blindado militar.
Supuestamente, los uniformados se confundieron. Perseguían a unos presuntos delincuentes que escapaban, también, en un Honda blanco y que les habían lanzado unos ponchallantas (unos hierros puntiagudos que sirven para reventar ruedas e impedir el paso de los vehículos). Fue una casualidad fatal. En medio de la carrera y la adrenalina, los militares empezaron a disparar y, para cuando se dieron cuenta de que se habían equivocado, ya era tarde. Fernando Alan Chaidez, el chico musculoso y atento, el orgullo de sus padres, había sido asesinado.
Se cumplen dos años de la guerra en el interior de facciones del crimen organizado en Sinaloa y el Estado sigue marcado por la violencia. El cartel de Sinaloa, considerado uno de los grupos delictivos más poderosos del mundo, se rompió en dos facciones irreconciliables. Por un lado, los Chapitos, liderados por Iván y Alfredo Guzmán, hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, narcotraficante que actualmente paga una cadena perpetua en EEUU. Por otro, la Mayiza, los herederos de Ismael Zambada El Mayo, con Ismael Zambada Sicairos, Mayito Flaco, al frente. En medio, una constelación de grupos armados dedicados al tráfico de drogas y cuyas lealtades varían según el contexto.
La situación en Culiacán es superprecaria, porque se combinó el ingrediente del conflicto criminal con la falta de orden político, cruzada con la falta de legitimidad del gobierno, y atravesada por una fuerte crisis económica
Carlos Pérez Ricart
— Académico experto en crimen organizado
En estos dos años, Culiacán ha pasado de ser una capital en auge económico a languidecer como escenario de una guerra fratricida. Esta es la ciudad en la que un joven abogado puede salir a ejercitarse y regresar en una bolsa de plástico. O donde el Ejército mata a tiros a dos niñas que viajan en la parte de atrás de una camioneta. O el lugar en el que un youtuber es asesinado, también a tiros, durante una emisión en directo porque una facción del crimen organizado lo vincula con sus rivales. O la capital en la que varios cuerpos desmembrados aparecen en una camioneta decorada con un mensaje siniestro: “Bienvenidos a Culiacán”.
El conflicto interno del cartel de Sinaloa ha regado el estado de cadáveres (más de 3.800, según datos del diario Noroeste, lo que supone una media de cinco muertes violentas al día durante los últimos dos años), desaparecidos (una cifra similar, según colectivos de búsqueda como Sabuesos Guerreras) negocios cerrados (unos 3.000 bajaron la persiana, según la patronal local) y que ha terminado por salpicar la política nacional, ante las acusaciones de vínculos de políticos locales con el crimen organizado. “La situación en Culiacán es superprecaria porque se combinó el ingrediente del conflicto criminal con la falta de orden político, cruzada con la falta de legitimidad del gobierno y atravesada por una fuerte crisis económica”, dice a elDiario.es el académico y experto en crimen organizado Carlos Pérez Ricart.