Los ‘temporeros’ cristianos que conquistaron Ibiza: una ‘startup’ medieval con inversores, socios y 800 campesinos
elDiario.es · hace 10 días
La conquista catalana de las Pitiüses culminó un 8 de agosto de 1235 y fue clave para facilitar la entrada de Jaume I en València. La Corona de Aragón no tenía un ejército profesional: los soldados eran campesinos que volvían a su feudo peninsular tras una campaña bélica que debía acabar antes de octubreEl hallazgo de cinco cuerpos reabre la historia de la resistencia musulmana en la montaña tras la conquista de Mallorca
Dejaban a su familia atrás y viajaban varios días hasta la costa, buscando un puerto para embarcarse rumbo a lo desconocido. Más de uno, de hecho, nunca había visto antes el mar. Los tripulantes solo sabían que iban a una isla para pasar el verano muy lejos de casa. Alguien más poderoso los había reclutado poniéndoles delante la zanahoria del botín que podrían repartirse si el trabajo salía como esperaban los jefes. De entrada, el cuento sonaba bien y tampoco podían negarse: eran siervos de algún señor. Parecía un plan sin fisuras, una forma de aprovechar los meses más improductivos del año. Entre el final de la primavera y el principio del otoño, las tierras de labranza pedían tregua. Entre la cosecha del grano y la vendimia, los campesinos iban a la guerra.
La historia tiene casi ochocientos años de antigüedad, pero resuena mucho más cercana en el tiempo. Podría resumir el viaje de ida y vuelta —del pueblo a las Illes Balears— que hicieron durante muchos veranos del siglo XX —desde principios de los sesenta hasta entrados los ochenta— los peninsulares —del tercio sur: andaluces, extremeños, manchegos y murcianos— que engrosaban las filas de hoteles y restaurantes, obras en construcción. Hay un cierto paralelismo entre el boom turístico y la invasión del archipiélago por las huestes de Jaume I. Sobre todo en el caso de Eivissa y Formentera.
Los reinos cristianos no tenían ejércitos profesionales, pero tal era el interés de conseguir nuevas tierras de cultivo, más fértiles, que la gente del campo estaba acostumbrada a guerrear porque era lo que se hacía en verano. Jaime I, que tenía muchos conocimientos militares al educarse con los templarios, es un ejemplo a la hora de conseguir el apoyo de muchos de sus nobles, que cada uno controlaba sus propias huestes y se movían por su interés particular, para financiar sus campañas. Como se suele decir en lenguaje bélico, antes de proyectar la fuerza, tienes que generarla. Por eso, antes de las conquistas de Mallorca, de Valencia o de esta isla se firmaban contratos donde, además las cláusulas que establecían los posibles repartos de tierras y bienes, había plazos. Muy estrictos. Si no se cumplían, quedaban sin vigencia.
Ilustración de la ciudad en tiempos de Madina Yabisa.
Lo explica José María Prats Marí. Oficial del Cuerpo General de la Armada, pasó décadas a los mandos de aviones militares. Por ejemplo, transportando en mano los correos lacrados con los que Narcís Serra, ministro de Defensa socialista, ordenó a los altos mandos del Ejército español que participaran en la primera Guerra del Golfo (agosto de 1990) tras la invasión iraquí de Kuwait. Desde que se jubiló, su conocimiento de la operativa militar –se formó en la materia en escuelas del Reino Unido y luego impartió clases– le ha llevado a escribir sobre varios episodios que sucedieron en la isla donde nació o que involucraron a paisanos suyos. Una temática que abarca desde la participación de corsarios ibicencos en los asedios contra Gibraltar a lo largo del siglo XVIII al ataque de los aviones republicanos contra el acorazado nazi Deutschland durante la Guerra Civil y que, ahora, retrocede hasta la Edad Media.
La conquista de Ibiza de 1235. La operación militar (Melqart Ediciones) es el último libro del capitán Prats. “El tema me interesa”, cuenta el autor, “desde que me lo explicaron en el colegio cuando era un niño, pero no había investigado hasta que me puse a preparar unos artículos para Diario de Ibiza que terminaron convirti