En 2025 se notificaron 686 internaciones de niños y adolescentes por riesgo suicida en la Ciudad de Buenos Aires, un 15,5% más que las 594 de 2024, según el informe trianual del Ministerio Público Tutelar presentado a comienzos de octubre. En 2023 habían sido 596: después de dos años estables, el último mostró un salto que no podemos naturalizar. En el conjunto del período se registraron 1.876 notificaciones.El 72,4% de las internaciones de 2025 correspondió a mujeres y el 50,6% a adolescentes de entre 13 y 15 años. Que las mujeres sean mayoría no implica que los varones estén a salvo: como recuerda el propio organismo, en la evidencia internacional ellas realizan más intentos y ellos concentran más muertes, por la mayor letalidad de los métodos. Detrás de cada cifra hay jóvenes que sufren y familias que muchas veces no saben cómo actuar.Evitar dos erroresLa primera obligación es no minimizar el problema ni explicarlo con una sola causa. Pueden existir trastornos mentales, experiencias traumáticas, conflictos familiares, violencia, acoso escolar, aislamiento y dificultades sociales, con un peso distinto en cada persona. Los autores del informe aclaran que no puede establecerse una relación causal directa entre esos factores y el aumento de las internaciones.La adolescencia es una etapa de grandes cambios corporales, psíquicos y vinculares, pero no todo adolecer adolescente es una crisis pasajera. La irritabilidad persistente, el retraimiento, la desesperanza, las alteraciones importantes del sueño, la pérdida de interés por lo que antes se disfrutaba y los cambios bruscos de conducta merecen atención, sobre todo cuando aparecen juntos, se intensifican o afectan la vida cotidiana. Ninguno predice por sí solo un suicidio. Son señales para preguntar, escuchar y evaluar a tiempo.Las pantallas no explican todoCon frecuencia se señala a las redes sociales como responsables del deterioro de la salud mental juvenil. Es razonable estudiar el acoso digital, la comparación social y la alteración del sueño, pero sería un error convertir esa asociación en explicación universal. La tecnología puede amplificar una vulnerabilidad; sus efectos dependen del contexto, del tipo de uso y de cada adolescente.
¿Debería priorizarse más inversión en salud mental adolescente o fortalecer los controles en redes?
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