Sadí de Buen, el médico que impulsó la mayor campaña contra la malaria en España al que fusiló el franquismo
elDiario.es · hace 21 días
Los trabajos entre 1920 y 1936 del epidemiólogo, fusilado por los sublevados hace 90 años, rozaron la erradicación de la malaria, que repuntó tras la Guerra Civil, con la organización antipalúdica deshecha y muchos de sus miembros encarcelados o depuradosEl CSIC saca a la luz su pasado franquista: un archivo reconstruye 500 depuraciones de científicos tras la Guerra Civil
La noche del 2 de septiembre de 1936, Sadí de Buen y nueve personas más fueron fusiladas en Córdoba, frente a las tapias del cementerio de San Rafael. Junto al epidemiólogo, había dos albañiles, un pintor, dos jornaleros... Eran, según el término del historiador Manuel Chaves Nogales, “la España fusilable”. Cuando fue detenido, el 22 de julio, el entonces inspector general de Sanidad del Gobierno de la República se encontraba en la provincia en viaje oficial. No hubo juicio ni proceso, pero se sabía bien quién era, qué familia tenía y sus antecedentes republicanos e izquierdistas.
Sadí de Buen Lozano fue uno de los artífices de la campaña sanitaria más importante que se llevó a cabo en España en la primera mitad del siglo XX: la lucha contra la malaria. Un reducido grupo de personas, con la idea clara de la medicina científica y social, fueron capaces, entre 1920 y 1936, de llegar casi hasta la erradicación de la plaga, que el tajo brutal de la Guerra Civil revitalizó durante 30 años más.
Las campañas se llevaron a cabo con ayuda internacional porque “antes de la Guerra Civil, la lucha antipalúdica fue la única iniciativa de la Sanidad central bien vista por la Fundación Rockefeller, interpretando esta opinión como una evaluación externa del sistema sanitario español”, escribe el historiador de la medicina Esteban Rodríguez Ocaña.
Sadí (Barcelona, 1893) fue el tercero de los seis hijos del catedrático Odón de Buen, quien en 1914 fundó el Instituto Español de Oceanografía. Se crio en un ambiente liberal, en la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia, bajo la tutela de su madre, Rafaela Lozano Rey. Sus padres se habían casado civilmente en 1889 y no bautizaron a ninguno de sus hijos.
Cuatro de sus hermanos —el mayor, jurista; los dos oceanógrafos y el quinto, también epidemiólogo que pasó una temporada en la cárcel y no pudo salir de España hasta 1951— y su padre murieron en el exilio mexicano. Odón de Buen da actualmente nombre al mayor barco oceanográfico de la flota española.
Familia De Buen. Sadí, de pie, a la derecha
Sadí de Buen estudió medicina y pronto se especializó, junto al catedrático y médico italoespañol Gustavo Pittaluga, en paludismo. Pittaluga, que también tuvo que exiliarse y murió en La Habana en 1956, fue el gran agitador de la sanidad pública española y el inspirador de las campañas antipalúdicas, ejecutadas por De Buen y otros.
En 1920, ―recién casado, también por lo civil― Sadí de Buen comenzó a trabajar contra la malaria —probablemente la enfermedad que más personas ha matado en la historia de la humanidad— en Talayuela, Cáceres, la zona más azotada por la infección. No en vano se dice que la trompa del mosquito es responsable de más muertes que todos los ejércitos de la historia. Las campañas estaban basadas en el control epidemiológico estricto, la administración gratuita de quinina y la información a los afectados, además de una red de dispensarios instalados en todas las zonas palúdicas.
El paludismo era, históricamente, una plaga con un coste tremendo en vidas humanas y con un impacto terrible en las economías locales, porque hacía perder muchas jornadas laborales debilitando la salud de los afectados. Transmitida por mosquitos del género Anopheles, el parásito entra en la sangre tras la picadura y, de acuerdo a su ciclo reproductivo, produce fiebres cada tres o cuatro días, según la especie de parásito. Además, provoca gran malestar, dolores de cabeza e hinchazón del bazo.