Robert Pattinson no es suficiente para salvar 'Primetime', una mirada banal al reality que descubría pederastas en directo
elDiario.es · hace 16 días
El actor produce y protagoniza el debut en la ficción de Lance Oppenheim sobre el periodista Chris Hansen y su polémico programa 'To catch a predator'Todo sobre el Festival de Venecia - Susan Sarandon regresa tras ser vetada por apoyar a Palestina: “La gente ha descubierto los lazos de EEUU con el sionismo”
Desde hace años, Venecia ha sacado pecho de ser el lugar donde daba comienzo la carrera por el Oscar. El certamen había logrado, con el apoyo de los estudios de Hollywood y Netflix —cuyos filmes no pueden competir en Cannes al no asegurar el estreno en salas de cine—, ser el escaparate para que los gurús de la temporada de premios calibraran las opciones de los filmes más esperados. De aquí salieron escopetadas hacia los galardones títulos como Roma, Pobres criaturas o, el año pasado, Frankenstein.
Sin embargo, esa política de flashes y glamour (normalmente esos filmes vienen acompañados de estrellas en su reparto que dan relumbrón a la alfombra roja) se ha demostrado, en varias ocasiones, inestable. La anterior vez fue en la post pandemia, cuando Hollywood no abrió el grifo lo más mínimo para permitir que sus películas vinieran (solo Nomadland, que terminó ganado el León de Oro y después el Oscar).
Pero en estos años todo ha cambiado mucho, y ahora una mala crítica en tiempos de redes sociales puede hundir un filme. O eso creen allí. Tras la debacle de Joker 2, vapuleada en Venecia, miden mucho más lo que presentan en Venecia. Este año, la gran parte de filmes que se espera que estén en los Oscar o no han llegado a tiempo o se han saltado Venecia en beneficio de citas más amables como Telluride o Toronto.
Por eso había mucho interés en ver qué ocurría con una de las pocas propuestas llegadas de un estudio de Hollywood y con una estrella como protagonista absoluto. Primetime venía con A24 como productor y Robert Pattinson dando vida a Chris Hansen, el periodista que saltó a la fama por To catch a predator, un formato en donde con cámara oculta exponía, delante de millones de telespectadores, a pederastas a los que hacían creer que acudían a ver a menores. Allí, en la casa donde les citaban, aparecía Hansen, por encima de la ley, como juez absoluto sin juicio mediante. Sacando, a cara descubierta, a los depredadores sexuales en horario de máxima audiencia.
El formato fue un éxito de espectadores, y también provocó una polémica constante debido a cómo desdibujaba cualquier límite moral. ¿Hasta qué punto un programa tiene la potestad de descubrir a esa gente?, ¿no debería ser la justicia quién lo hiciera? Para contar la historia del programa y de Hansen —y en la resaca de un documental que en España se puede ver en Prime Video sobre el mismo tema y que ha dado a conocer el show en todo el mundo— se ha colocado Lance Oppenheim, bregado en los documentales y que aquí debuta en el largo de ficción con un filme que desaprovecha todo su potencial y que, lo peor de todo, lo trata con una banalidad impropia del asunto.
A Oppenheim y al guion de Ajon Singh solo parece interesarles la historia de Hansen como crítica a los deseos de fama absoluta. Un cuento moral con el clásico 'cuidado con lo que deseas' como moraleja. No les importa en exceso, o al menos deciden no desarrollarlo, el tema que abordaba su programa. No mete los dedos en los límites morales del periodismo, en los peligros de tomarse la justicia por la mano y en cómo eso entronca con un contexto muy concreto, el post 11S donde un país decidió hacerlo.
Robert Pattinson en la rueda de prensa de 'Primetime'
A cambio prefiere jugar al humor negro en su retrato ácido de la ambición desmedida. Y eso qued