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El rechazo del Gobierno a los traslados de migrantes a la península y la falta de plazas de acogida prolonga la crisis humanitaria en Ceuta

elDiario.es · hace 18 días
Más de un mes después, la emergencia humanitaria en Ceuta continúa con cientos de menores sin protección y miles de adultos viviendo a la intemperie, en condiciones insalubres, comida insuficiente y riesgo de agresiones
En el laberinto formado por las naves industriales del Tarajal (Ceuta), en los recovecos existentes entre los portones mecánicos de decenas de almacenes, las chabolas se acumulan. En su zona más profunda, más escondida, cientos de personas migrantes duermen en el suelo, a la intemperie, bajo el riesgo de agresiones racistas y peleas callejeras. En distintos rincones como este, hay niños de apenas 13 años a los que solo cuidan quienes se apiadan de ellos. Hay mujeres embarazadas que aguantan contracciones tumbadas sobre el duro suelo de un campo de fútbol al aire libre. Hay jóvenes heridos que no se atreven a ir al hospital, porque cuando lo hicieron solo recibieron gritos.

Superado el mes de la llegada de más de 70.000 personas a Ceuta -de las que han regresado a Marruecos la mayoría según el Ministerio del Interior-, la crisis humanitaria continúa en las calles de la ciudad autónoma. La falta de espacio para atender a los migrantes, la lentitud en la habilitación de nuevas plazas y la negativa del Gobierno a permitir los traslados a la península (donde sí cuentan con espacio en la red estatal de acogida humanitaria) mantiene a miles de migrantes a la intemperie y sin acceso a servicios básicos, mientras que incrementa la tensión entre la población local, en una ciudad de casi 20 kilómetros cuadrados y apenas 85.000 habitantes.

36 días después, el Ministerio del Interior asegura que permanecen en la ciudad solo 5.000 migrantes de los 70.000 que alcanzaron Ceuta a finales de julio, pero las dimensiones de los asentamientos informales y el retraso en su filiación ante la falta de espacios de acogida suficientes apuntan a que la cifra puede ser mucho mayor. Entre ellos, alrededor de 1.300 menores están acogidos en centros de la ciudad autónoma, pero un solo paseo por la ciudad demuestra que cientos de menores aún malviven en las calles, pese a sus sucesivos intentos de tratar de ser recibidos en un centro de acogida.

En el caso de los adultos, la responsabilidad recae en el Ministerio de Migraciones, que en la última semana ha empezado a trabajar en la creación de nuevas plazas en distintos puntos de la ciudad. Preguntados por los retrasos en la habilitación de espacios, fuentes del departamento dirigido por Elma Saiz aseguran estar trabajando para abrir “el mayor número de plazas posibles en el menor tiempo posible”. La construcción de nuevos espacios de acogida provisional no está resultando sencilla en una ciudad de 20 kilómetros cuadrados, y que ya acogía a un número de migrantes considerable debido a su posición fronteriza. El Ejecutivo central necesita la cesión municipal del suelo, y el Ayuntamiento se choca con el rechazo vecinal de algunos barrios a recibirles.

El Gobierno sufre desde el 8 de agosto dificultades para encontrar espacios en Ceuta donde alojar a los migrantes. El propio presidente de la ciudad rechazó en la Junta de Seguridad Nacional a la que le invitó el presidente que se utilizaran los polideportivos para acoger a los inmigrantes. El Ejecutivo aceptó la petición de Vivas y planteó utilizar dos espacios del Puerto de Ceuta, pero también aquí se ha encontrado con obstáculos de última hora.

En anteriores crisis migratorias, la percepción de emergencia suele disiparse con una estrategia habitual: los traslados de migrantes a la península, por los que el Ejecutivo desplaza a los adultos de aquellos lugares más colapsados a otros centros de la red de atención humanitaria estatal. El Ministerio del Interior confirma a elDiario.es que, por el momento, no realizará este tipo de traslados, dado que su objetivo continúa devolver a las personas llegadas a Ceuta este verano. Sin embargo, retornarlas por la vía regular es un procedimiento lento, que requiere de una infraestructura de acogida mayor de la existente en la ciudad autónoma. Mientras, miles de personas siguen sin identificar y en situación de calle.

Aya duerme con su novio en el suelo del asentamiento improvisado de las naves del Tarajal. Se ha buscado un lugar algo más solitario, para tratar de esquivar las tensiones de convivencia surgidas durante las noches. “Este sitio no es seguro, hay muchas peleas, no nos podemos duchar y apenas podemos comer. Queremos ir a un centro, pero siempre me rechazan”, lamenta la mujer, de origen saharaui. Dice su procedencia con cierto temor a que otros compañeros no escuchen su preocupación: “Me gustaría pedir asilo, pero tampoco sé cómo ni sé quien puede explicarme”, dice la joven, de 27 años. La falta de información jurídica también brilla por su ausencia, especialmente en los asentamientos informales.

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