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Quién nos robó el placer de rascarnos el ombligo

elDiario.es · hace 10 días
En un contexto en el que cada vez nos cuesta más estar en paz con la idea de no hacer nada e intentamos "acumular el máximo número de vivencias en el menor periodo de tiempo posible", ¿cómo recuperar ese disfrute en las vacaciones que vendrán?Entrevista - Juan Evaristo Valls Boix, filósofo: “Hay muy pocos espacios de ocio y de descanso concebidos para perder el tiempo”
En 1976, el dúo musical Vainica Doble, formado por Gloria van Aerssen y Carmen Santonja, publicó la canción Déjame vivir con alegría, que es todo un himno anticapitalista. Su estrofa: “Déjame que descanse un rato al sol/ Déjame vivir con alegría/ Si he pescado bastante para hoy/ Mañana será otro día/ No faltará un caracol” viene como anillo al dedo para este artículo sobre no hacer nada en especial durante las vacaciones. O más bien, sobre la incapacidad de la sociedad actual para descansar sin más. ¿Cuánto hace que no nos aburrimos?

Por supuesto, siempre hay que partir de la base de que para escoger hay que tener la posibilidad de hacerlo. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, durante el año 2025 el 32,2% de la población española no se pudo permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Si no hay opción de hacer otra cosa que no sea quedarse en el barrio, la duda entre llenar de actividades la agenda de ocio o rascarse el ombligo ni siquiera se plantea. La clase social determina todos los aspectos de la vida y el descanso es uno de los más importantes.

La escritora Elvira Lindo lo retrató bien a través de su personaje Manolito Gafotas, que veía cómo Carabanchel Alto se vaciaba en verano mientras su familia se quedaba allí, como en cualquier mes del calendario. Ese niño novelesco, que se convirtió en amigo de muchos lectores en los años 90 (y sucesivos), ya intuía de dónde venía su obsesión por el dinero. “A lo mejor es que de mayor voy a ser un gran banquero, o a lo mejor es que voy a ser un poco pobre, como mis padres”, reflexionaba en el volumen Cómo molo.

Este año, Belén decidió pasar su mes de vacaciones entre su pueblo y el de su pareja, sin muchas pretensiones más allá de ver el eclipse del 12 de agosto, bañarse en el río y leer. Sí se programó alguna actividad puntual como visitar un balneario o reunirse con amigos en un festival cercano porque tampoco es de “estar mirando las musarañas”, dice a este medio, pero poco más. Este planteamiento de verano se debe a que no contaba con demasiado presupuesto y también a la necesidad de un descanso después de un curso de mucho trabajo.

“En estos temas siempre existe el riesgo de que te digan que estás romantizando la pobreza”, sostiene, “y no creo que sea eso. Aunque tuviera dinero para irme al Caribe, genuinamente creo que aun así lo pasaría así”. De hecho, conjetura que quizá “si tuviera todo el dinero del mundo” descansaría en el estío y en septiembre se iría de viaje a un país lejano, pero ahora mismo no se le ocurre un plan mejor.

Belén indica que no es la única de su entorno que ha tomado decisiones parecidas para sus vacaciones: “No sé si diría que la mayoría, aunque sí gran parte si tienen pueblo se van al pueblo y si no, a casas de amigos. Planes muy low cost”. Su hipótesis se despeja con otros datos del INE —a veces es una institución un tanto aguafiestas en la verificación de datos porque no siempre corrobora la sospecha—: como arroja la Encuesta de Turismo de Residentes, durante el 2025 los españoles viajaron un 4,7% menos respecto al año anterior, pero dentro de estos desplazamientos aumentaron en un 5,2% los que se hicieron al extranjero y disminuyeron los nacionales en un 6,1%. La cabra tira al monte y el turista a la terminal de salidas internacionales del aeropuerto.
¿Por qué no funciona el freno de mano?
Una parte de esos viajes son por trabajo, pero quienes se desplazaron para disfrutar de sus vacaciones tuvieron que determinar fechas, buscar alojamientos, reservar medio de transporte y, muy posiblemente, comprobar cuáles son los lugares más destacados de su destino: ¿Quién viaja a Egipto y vuelve sin haber visto las pirámides? Que entrar en ellas implique hacer una cola que se coma medio día o reservar con tiempo de antelación no importa porque para eso se va hasta allí, ¿no?





Las vacaciones sencillas de nuestra infancia han quedado atrás, y hoy existe la sensación de que si no se hacen grandes cosas, grandes destinos o planes constantes, no se está haciendo nada con el tiempo libre

Ainhoa Plata
— psicóloga




Todo esto implica un trabajo que desgasta a quien lo asume. Es tan pesado que, hasta no hace tanto tiempo, mayoritariamente eran las agencias de viajes las que se encargaban de gestionar toda esta maraña de trámites. Internet y la aparición de empresas relacionadas con el turismo de bajo coste cambiar
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