Quién gana cuando los dueños de la IA piden que los regulen
elDiario.es · hace 8 días
Es posible regular la inteligencia artificial. Lo difícil será proteger a la sociedad sin convertir la seguridad en el privilegio comercial de unas pocas empresas. China será imprescindible en esa negociación, Europa corre el riesgo de quedarse fueraLos cuatro gigantes de la IA piden frenar desarrollos y Trump desprecia el riesgo
Cuando quienes compiten por dominar una tecnología piden que se frene su desarrollo, conviene prestar atención. Pueden haber visto un peligro que los demás todavía no comprendemos. También pueden haber descubierto que unas buenas barreras protegen mejor su negocio que otra ronda de inversión. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez.
Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, propone ralentizar el avance de la IA más potente. Sam Altman ha respaldado la idea y anunciado que OpenAI también incorporará evaluadores independientes con un acceso comparable al de sus empleados. El compromiso merece atención. Pero aceptar inspectores no equivale a aceptar que una autoridad pública decida qué puedes vender, te obligue a reparar daños o limite tu poder de mercado.
¿Se puede regular la IA? Sí. Se pueden imponer obligaciones a quienes la desarrollan y despliegan, prohibir determinados usos, investigar incidentes y exigir responsabilidades. Pretender controlar cada copia de un modelo que circula por internet es otra cosa. Confundir ambas tareas conduce a dos errores: declarar inútil cualquier regulación o prometer una seguridad imposible a cambio de entregar el sector a sus actuales líderes.
La propuesta de Amodei tiene tres niveles: evaluadores dentro de los laboratorios, coordinación entre empresas de países democráticos y acuerdos internacionales. También plantea una excepción limitada a las normas de competencia para facilitar conversaciones sobre seguridad. Defiende restringir chips y destilación no autorizada para preservar la ventaja estadounidense frente a China. Estamos, por tanto, ante una propuesta de seguridad que incorpora una estrategia industrial y geopolítica.
Hay buenas razones para supervisar. Un agente es un programa que utiliza un modelo para planificar y ejecutar acciones mediante herramientas. Si dispone de permisos para modificar archivos, enviar mensajes o acceder a sistemas, sus errores tienen consecuencias distintas de las de una respuesta equivocada en un chat. La autonomía, los accesos y el número de operaciones importan tanto como la inteligencia del modelo.
El informe de amenazas de Anthropic de septiembre describe usuarios del norte de Yemen que intentaron desarrollar sistemas de guiado de armas con Claude. La empresa no acredita que consiguieran un arma operativa. La diferencia importa: documentar asistencia a un proyecto peligroso no demuestra que un chatbot pueda fabricar un misil por sí solo. Pero sí justifica investigar cuánto abarata y acelera tareas que antes exigían especialistas.
La seguridad convertida en barrera de entrada
El problema empieza cuando quienes deben ser vigilados participan en decidir cuánto cuesta entrar en el mercado. Pensemos en un sistema de certificaciones complejas, auditorías permanentes y autorizaciones lentas. Para una empresa con abundante financiación, ese coste puede convertirse en una partida asumible. Para una cooperativa tecnológica, una universidad o una startup, puede convertirse en una barrera infranqueable.
OpenAI y Anthropic podrían ganar de varias maneras. Elevarían el coste de competir; reforzarían su condición de interlocutores de los gobiernos; y convertirían sus procedimientos internos en referencia para todo el sector. Si la regulación favorece servicios centralizados, donde el proveedor conserva el control del acceso, también favorecería el negocio de vender inteligencia por suscripción o por uso. Cada alternativa descartada se convierte en demanda potencial para esos servicios.
Esto no prueba que sus advertencias sean falsas. Describe incentivos que el legislador debe anticipar. Un auditor necesita recursos, libertad para publicar y protección frente a quien puede retirarle el contrato. La supervisión debe responder ante la sociedad.
Cualquier excepción a las reglas de competencia debe ser limitada, pública y supervisada. Compartir información sobre un fallo peligroso puede ser necesario. Coordinar quién lanza productos y a qué ritmo puede restringir la competencia. La seguridad no debe legitimar un reparto del mercado.
El peligro también cabe en un ordenador
Hay otro problema: concentrar toda la vigilancia en los modelos gigantes y dejar fuera a los modelos locales pequeños ya muy capaces. Existen modelos pequeños de pesos abiertos, como los de la familia Qwen, que pueden ejecutarse localmente en algo tan barato como un mac mini.
Pequeño no significa inofensivo. Para personalizar una estafa, producir mensajes de acoso o ayudar a automatizar tareas ciberataq