Cómo viviendas precarias y clasismo castigan a la clase trabajadora
elDiario.es · hace 2 h
Nada da más asco que el clasismo que tilda a la clase trabajadora o a los activistas de vagos. Solo da más asco y rabia que, encima, no tengamos donde vivir
Llega un momento que uno no sabe qué más contar. Estas semanas, especialmente, le llevan a uno al borde del colapso informativo. Desahucio de Maricarmen en camilla, manifestación, acampadas, decreto de vivienda aprobado, decreto de vivienda tumbado, elecciones, decreto de vivienda aprobado otra vez, y la muerte de Maricarmen. Fue un silencio la muerte de Maricarmen. Ni siquiera pudo cruzar la puerta de su casa para descansar allí en paz. Un silencio ensordecedor con un mensaje claro: es insoportable. Es insoportable que te puedan echar así de tu casa, es insoportable que vivamos tan esclavos, o tan feudales sí se quiere, al servicio de los landlords, que en inglés la palabra tiene más evocación medieval.
Me interesa hacer una reflexión sobre la cultura que hemos construido entre todos, en la que prima siempre el individuo y el lucro, ante la falta de una estabilidad o un horizonte de estabilidad, ante la disolución del concepto de comunidad y el debilitamiento del estado del bienestar, y una vida marcada por el moverse de un lado a otro, sin echar raíces, sea por la vivienda, por buscar trabajo o a veces también por la aventura. Los fondos de inversión los forman personas y, de buitres, hay muchos que no son fondos. Porque lo que tenemos es una cultura buitre. O, al menos, en parte, porque hay quien se empeña en demostrar que no todo está perdido.
Recibí un correo hace poco de una mujer propietaria, con un piso alquilado a bajo precio, a quien algunos conocidos le decían que era “idiota” por no subirlo a precio de mercado. No es la primera vez que lo oigo. Se lo decían amigos, conocidos, seguramente algunos con piso y otros sin, porque la cultura de sacar el máximo rendimiento no es cosa de pocos, hoy día, sino de la mayoría, incluido de muchos que se dicen de izquierdas.
Decía Ayuso el otro día, en respuesta a la acampada de Sol, que representa a una España “de vagos, de mileuristas sin sueños, que quieren seguir siéndolo” y la contraponía a los “que tienen un taller, los curritos”. Pasó de parecer Trump a parecer el friki del Llados y le faltó hablar de las “fucking panzas” y de levantarse a las 5 y media de la mañana. Tira de cultura Llados, de referentes 'bros' porque sabe que la calle se está moviendo y, con Palestina y con la vivienda, el sentido común está arrastrando hacia el lado contrario a lo que representa la derecha, aunque es verdad que las encuestas de voto aún dicen lo contrario.
Según el INE, un 60% de los trabajadores en España ganan menos de 2.000 euros al mes y son, por tanto, mileuristas. Y, por cierto, cerca de la mitad de los autónomos declaran menos que el Salario Mínimo Interprofesional.
La cuestión es que la cultura del criptobro, del inmobro, del inversor, del ludópata, del que elogia como esfuerzo apostar su dinero al mayor rendimiento sin importarle lo que haya detrás (una industria de armas, unas viviendas alquiladas a precios inasumibles) se impone y parece que no hay otra visión.
Uno de los mayores paradigmas de esta cultura buitre es lo del “piso con bicho”. Así le llaman en el sector inmobiliario al piso que se compra con inquilino dentro. El problema fue el día que “el bicho” de Urbagestión pasó a tener nombre. Y menudo bicho, Maricarmen.
Marcha por Maricarmen desde la Puerta del Sol de Madrid.
En la acampada de Sol, me impactó mucho la cara de rabia que se le puso a Tobías, un chaval de 19 años con la camisa de camarero que llegaba del trabajo, cuando le hablé de Maricarmen. No sabía ni lo que era el 15M, pero insistía e insistía en la empatía y en ver más allá del dinero y de cada uno. También estudiaba Formación Profesional.
No se me ocurre nada más opuesto a personas “sin sueños” o “vagos” a quienes so