El PP se desgañita para calificar de "invasión" lo ocurrido en Ceuta, dispuesto a utilizar el lenguaje propio de Vox siempre que sea necesario. Las encuestas confirman que cuanto más se enfurece el PP, más engorda Vox.Feijóo y Abascal acusan a Sánchez de manipular el censo con la ley de nietos y él les culpa de “cercenar” el derecho al voto
Plato único en la sesión de control del Congreso. Diez de las preguntas de la oposición versaban en todo o en parte sobre la crisis de Ceuta. El Partido Popular se ha apuntado en esta legislatura al mensaje de que cada tema polémico o negativo para el Gobierno es la antesala de su defunción inminente. La pandemia, los indultos a los autores del procés, la ley de amnistía, la corrupción de Ábalos, la detención de Cerdán... Todos esos acontecimientos iban a suponer la sentencia de muerte para Pedro Sánchez. Lo del volcán de La Palma, no. A pesar de su increíble maldad, no se creía que fuera el responsable de la aparición de un nuevo volcán. No por falta de ganas, claro.
Lo ocurrido en Ceuta y las secuelas que aún persisten cuentan con un nivel de gravedad imposible de subestimar. El PP está aún más convencido de que será la bala mágica que acabe con el Gobierno de coalición. Es también una buena excusa para completar el giro hacia el rechazo total de la inmigración en su competición particular con Vox. La derecha confía en que ese Houdini que a veces parece Sánchez no tenga ya fuerzas para liberarse de las cadenas y salir a la superficie. Lo cierto es que se le ve cansado, repitiendo demasiadas veces frases y conceptos, por ejemplo sobre la vivienda, que no funcionaron antes y que ahora tampoco lo harán. Es indudable que el procesamiento de su mujer y la condena de su hermano han dejado huella.
Lo que pasó en agosto –cuando el Gobierno tardó 25 días en decretar un mando único para Ceuta– confirma que los reflejos de Sánchez van a menos y que le cuesta más enderezar el rumbo. Pero aún puede responder con el aguijón en el momento exacto de un debate parlamentario y volver a ser El Perro.
No es que Alberto Núñez Feijóo se lo haya puesto muy difícil en los últimos meses con su costumbre de acumular varios temas en los dos minutos y medio que le dan la sesión de control. Con Santiago Abascal, Sánchez lo tuvo aún más fácil el miércoles.
Como a los demás dirigentes de la extrema derecha europea, al líder de Vox le gusta tachar a los grupos de izquierda de traidores a la patria en un lenguaje de claras reminiscencias franquistas o autoritarias. La crisis de Ceuta le ha permitido afilar ese lenguaje y concretarlo en la petición de que el Tribunal Supremo investigue a Sánchez por traición. Además, para saber “cuántos diputados tiene Marruecos en la Cámara”.
Sánchez no lo tenía tan difícil para contraatacar, pero sólo si se quitaba de encima la melancolía y se decidía a sacar al Perro de dentro, el personaje que remontó en la campaña electoral de 2023 hasta un punto que sus votantes pensaban que ya no sería posible. “Tiene guasa que me haga esa acusación cuando si alguien va con una correa al cuello es precisamente usted. Por eso, aplaude los aranceles de unos y los genocidios de otros”, le dijo a Abascal por su apoyo a Trump y Netanyahu.
Luego, vino la estocada. “Usted me ha llamado autócrata, dictador, incluso me llaman perro. Le digo una cosa. A diferencia de usted, yo seré un perro, pero no tengo amo”.
Obescal, como le llamó Donald Trump en una ocasión, se limitó al truco que traía preparado de casa. Enseñó una cuartilla con la letra T, otra con la R, luego la A, y así hasta completar la palabra 'traidor'. Parecía un momento sacado de una versión ultra de 'Barrio Sésamo'. Quizá fuera un poco exigente para algunos de sus votantes.
Los diputados del PP llegaron al pleno con la misión de utilizar las palabras 'invasión' e 'invasores' de forma reiterada. El partido ha decidido que no va a permitir que Vox le supere en términos retóricos en relación a la llegada masiva de marroquíes a Ceuta hace cuarenta días. Nadie va a estar más a la derecha que ellos, en especial en el Parlamento. Se trata de que los indignados con lo sucedido en esa ciudad española se sientan representados por el PP.
No se sabe si les funcionará. Lo que sí es evidente es que la radicalización de la oposición solo ha beneficiado hasta ahora al partido de Abascal. La encuesta del ABC del lunes confirma lo previsto en otros sondeos. El PP no llega al porcentaje de votos que recibió en 2023 a pesar de una legislatura en la que ha elevado la temperatura ambiental al límite de lo que se ha visto en un Parlamento en España desde finales de los años setenta. Quien disfruta de un rotundo crecimiento de votos es Vox. Cuanto más se enfurece el PP, más engorda Vox.
“Las mochilas de los alumnos de Ceuta se llenan de sprays de gas pimienta”, dijo Feijóo, un asunto de difícil comprobación