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Pensaba que iba a jugar otro plataformas simpático y terminé recordando por qué adoro el género. Análisis de Marsupilami 2: Salsa Palombia

3DJuegos · hace 1 h
Confieso que llegué a Marsupilami 2: Salsa Palombia sin demasiadas expectativas. Su aspecto desenfadado, sus trío de protagonistas y esa apariencia de juego pensado para disfrutar en familia invita a pensar que estamos ante otra aventura simpática que completar en un fin de semana y olvidar poco después. Sin embargo, cada vez que terminaba una sesión ocurría algo que no esperaba: unas horas más tarde ya estaba pensando en volver. Quería superar otro nivel, encontrar alguna nota que me había dejado atrás o probar suerte con uno de esos desafíos que unas horas antes se me había resistido. Para mí, pocas señales hablan mejor de un plataformas que las ganas constantes de regresar.






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La secuela (desarrollada por Ocellus Services) mantiene buena parte de las ideas del anterior Marsupilami: Hoobadventure, algo que seguramente hará que quienes jugaron aquella aventura encuentren muchas cosas familiares. Salsa Palombia es bastante continuista en su planteamiento, pero aprovecha esa base para construir un plataformas muy entretenido con ritmo y progresión, uno que sabe introducir mecánicas poco a poco para exigirnos que las dominemos. Es un juego pequeño y consciente de sus dimensiones, pero también uno de esos títulos capaces de recordar por qué saltar entre plataformas, buscar secretos y aprenderse el escenario continúa funcionando varias décadas después de que el género ayudase a construir buena parte de la industria.
Saltar, aprender y volver a saltar
Salsa Palombia entiende muy bien algo fundamental en cualquier buen plataformas: aprender debería ser casi tan divertido como superar el desafío. Los primeros compases sirven para acostumbrarse al movimiento, las habilidades de los personajes y las reglas más sencillas de cada escenario, mientras que los últimos niveles te exigen que pongas en práctica todo lo aprendido. Lo interesante está en cómo consigue transmitir la sensación de que nosotros también estamos mejorando. Volver a uno de los primeros niveles después de varias horas deja bastante claro cuánto hemos avanzado, ya que cualquier movimiento que antes exigía cierta concentración ahora salen de forma natural. Además, los escenarios se leen con más facilidad y las pequeñas cadenas de salto que antes imponían respeto pasan a ser un trámite.
Ese crecimiento funciona porque el control acompaña. Los personajes responden bien, las distancias están medidas con bastante precisión y nunca sentí que un error fuese responsabilidad del juego. Cada marsupilami cuenta con sus propias capacidades (Twister puede planear, Hope salta sobre sí misma y Punch se convierte en una bola) y esto permite afrontar algunos obstáculos de formas diferentes. De hecho, el diseño tiene en cuenta esa variedad: aunque los niveles están preparados para el cooperativo de dos jugadores, siempre resulta posible alcanzar el final utilizando únicamente uno. No te obliga a jugar de una manera concreta y deja cierto margen de cara a decidir cómo resolver cada situación, una flexibilidad que se agradece en un título que quiere servir como puerta de entrada al género.








En ese aspecto, la dificultad se convierte en el aliado más importante. Salsa Palombia permite escoger entre distintas configuraciones de vidas que cambian considerablemente la experiencia. Quien simplemente quiera recorrer sus escenarios puede jugar con vidas infinitas, mientras que la dificultad intermedia limita cada intento a tres y la superior nos deja con una única oportunidad. Esta decisión permite que un niño pueda tener aquí uno de sus primeros contactos con los plataformas y, al mismo tiempo, que alguien acostumbrado al género encuentre momentos capaces de poner a prueba sus reflejos. Que nadie se deje engañar por colores, licencia o apariencia infantil, ya que algunos tramos pueden ser muy exigentes teniendo en cuenta el margen de error tan mínimo que existe.
Hay que destacar que el juego no permite avanzar en línea recta. Completar un nivel y olvidarte de todo lo que contiene se convierte en tu peor enemigo, dado que necesitas un número determinado de notas musicales para desbloquear los enfrentamientos finales y continuar hacia nuevos mundos. Durante los tres primeros necesitamos reunir 40, pero la cosa cambia cuando la cifra sube a 60 por mundo para abrir el acceso al último. Esa estructura obliga a prestar atención a desafíos, secretos y rutas secundarias sin convertir la búsqueda de coleccionables en una limpieza interminable del mapa. Nunca sentí que tuviese que detener la aventura durante horas para recoger objetos sin interés, pero sí que hay que explorar un poco más y dominar cada mecánica para sacar todo el jugo a los niveles.
Un juego que siempre encuentra otra idea
El principal mérito del título aparece dentro de esos mismos nivel
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