Una asociación de corresponsales extranjeros premia a Iker Jiménez y su singular trayectoria en la que ha pasado de ser el escaparate del ocultismo y los extraterrestres a convertirse en la punta de lanza de la ofensiva televisiva contra el Gobierno
En un programa de 'Horizonte' en Cuatro en julio de 2024 se trató la noticia de que un grupo de adolescentes magrebíes había abusado de unas niñas en Petrer, Alicante. Es la clase de revelación (falsa) con la que se alimenta el odio racial y se suscribe el mensaje xenófobo de Vox. Otro medio citó después a un comisario de policía que contó que los detenidos eran cuatro varones españoles de 16 y 17 años. En ese programa, Iker Jiménez comentó que eso del “racismo y el fascismo es una milonga que empieza a estar muy sobada”. Sus espectadores habituales debieron de sentirse aliviados.
El presentador lo tuvo más difícil para conjurar las críticas después de su cobertura de la dana de Valencia. La mezcla de noticias falsas y alarmistas hizo que Antonio Lucas escribiera en El Mundo que “Iker Jiménez es un engendro de este oficio, una malformación muy bien pensada”. Pero pasaron los meses y todo ese mejunje sensacionalista no se vio frenado, mucho menos por su empresa, Mediaset, encantada con las cifras de las audiencias. Ocurrió lo contrario. Quizá porque el programa no es ninguna malformación, sino un producto natural de los tiempos políticos y televisivos que corren. En mitad de esta jungla, Iker y su manada se encuentran en un punto muy alto de la cadena alimenticia.
Debe de ser eso lo que piensan los responsables de una asociación de corresponsales extranjeros en España, no la más importante, que ha decidido esta semana conceder uno de sus premios anuales a Jiménez, de 53 años. Precisamente, en la categoría de periodismo. “Observar este fenómeno periodístico es fascinante”, explican para justificar el premio. “Un programa capaz de atrapar a millones de espectadores durante horas hablando de temas complejos con rigor, ritmo y un directo vibrante”.
La referencia a los millones, en plural, es excesiva, pero el éxito de 'Horizonte' en las audiencias es incuestionable. Desde 2005, Jiménez fue un valor seguro en la parrilla de Cuatro con 'Cuarto Milenio', que se sigue emitiendo. Su universo giraba en torno a todo lo que oliera a misterio: ocultismo, extraterrestres, fenómenos extraños... Ese tipo de cosas que, con independencia de su veracidad, no hacen daño y siempre han captado el interés de mucha gente.
Todo cambió a una dimensión más terrenal cuando en 2020 cambió el rumbo del programa hacia la actualidad. Espoleado por la pandemia –un territorio con una gran dosis de polémicas y misterios–, tuvo una respuesta rápida del público, aunque con una sorpresa inesperada. Una parte de su parroquia, la más propensa a las conspiraciones, se tomó a mal que Jiménez admitiera que la pandemia era real, no una ficción alimentada por una élite globalista con el fin de controlar el mundo. Eso no había impedido que en su programa se ofrecieran hipótesis falsas sobre el origen de la enfermedad.
Se tuvo que despedir de ellos con el corazón roto por la decepción, pero recordándoles sus credenciales: “No soy un traidor, no estoy a favor de Soros, Bildelberg ni la Masonería”. Presumía de haber tocado “todo lo que se considera intocable”. E insistía hasta llegar a extremos muy forzados o difíciles de entender: “No soy judío, no soy masón, no pertenezco a ninguna sociedad secreta u oculta”.
Aprendió la lección y decidió que ya no iba a cometer esos errores. La nave del misterio no volvería a lanzar por la borda a sus marineros más furibundos. Tras un paréntesis de varios meses por las dudas de Mediaset sobre su cobertura de la pandemia, volvió a finales de 2020 y lo hizo con un nuevo programa, 'Horizonte', ya totalmente volcado en la política.
El plató de 'Horizonte' en uno de los programas de esta semana.