Onimusha Way of the Sword tiene un gran problema: que no se va a poder llevar el GOTY por culpa de GTA VI
VidaExtra · hace 1 días
Antes de nada, quiero dejar claro que no he jugado nunca antes a la saga Onimusha. Sabía que existía, pero nunca me dio por probar ninguna de estas entregas, y a este nuevo título iba prácticamente sin saber nada de la saga anteriormente. Con esto dicho, puedo decir sin miedo que Way of the Sword es, por el momento, el mejor juego que he probado este año.
Capcom se encuentra en una racha espectacular: tras el éxito de Pragmata y Resident Evil 9, Onimusha: Way of the Sword pretendía ser ese último tótem que colocaría a la empresa japonesa como el mejor estudio del año, muy por delante del segundo. Y, por suerte, así lo ha sido.
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Cuando aparecieron los primeros adelantos, innegablemente me llamó la atención. Como buen fan de Sekiro y los parrys, ver este nuevo título de Capcom me hizo investigar un poco sobre el juego. Hasta ahora, Sekiro ha sido uno de esos pocos juegos que siento que el parry o la jugabilidad ofensiva eran inmejorables, y tenía miedo de que este Onimusha tuviera ese problema.
Obviamente, estaba muy equivocado. Junto a Sekiro, el sistema de combate de Onimusha me parece prácticamente perfecto, no porque el parry sea satisfactorio (que también), sino por todos los recursos que te llega a ofrecer el propio juego para poder vencer a los enemigos que tengamos al frente. Pero empecemos desde el principio.
Onimusha: Way of the Sword es el nuevo título de la saga Onimusha tras 20 años de ausencia. Los tiempos han cambiado, y con ello, el estilo de la saga, que ha pasado de ser un Resident Evil de samuráis con un control bastante más tanque a un juego de acción pura y dura que no te deja tiempo para descansar y que te ofrece una verticalidad pasmosa.
En Vida Extra
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La leyenda de Musashi
La historia sigue al legendario Musashi Miyamoto, figura importantísima en Japón y que se ha convertido en el samurái fetiche de los nipones, quien, tras un encuentro con su rival Sasaki Ganryu (también conocido como Sasaki Kojiro), recibe el poder de los Oni, que, si bien en el folclore japonés son demonios y amenazas, en esta saga son los entes que protegen a los humanos de los Genma, demonios del inframundo.
Con esto ya establecido, Miyamoto tendrá como objetivo acabar con las incursiones de estos demonios y salvar a Kyoto de una miasma que amenaza con destruir los templos sagrados del lugar. Así es como se nos abre lo que, para mí, es un mapa de grandes dimensiones, pero nunca un mundo abierto. Creo que es más una excusa de Capcom para llenar de contenido el mapa con misiones secundarias y coleccionables.
A la historia le cuesta un poco arrancar, pero, poco a poco, todo lo que envuelve al enemigo real de esta historia va saliendo a la luz. Y sí, la historia, os adelanto, no es nada del otro mundo: es el típico viaje del héroe que hemos visto en todo tipo de películas, series o animes, pero esto no quiere decir que sea malo.
El tono japonés arraigado al shonen se nota en este Onimusha solo con su protagonista, que, si bien aparenta ser serio, es una representación muy clara de lo que fue Musashi Miyamoto: un guerrero a su manera. Y me encanta este tono tan de shonen que tiene; no sorprende por giros enormes (que tiene, pero no locos) o una historia riquísima en narrativa, sino por saber ejecutar todo en el momento preciso y en lo que, para mí, son los mejores momentos del juego: los bosses.
Bosses inolvidables
Todos y cada uno de los bosses presentados a lo largo de este juego son una maravilla de principio a fin. A excepción de dos o tres minijefes que sí que aparecen más veces en el juego, los "bosses importantes" o únicos llevan a Musashi a un estado de hostilidad extremo, lo que te conduce a un baile ofensivo continuo en el que un solo error te puede reventar la pelea.
Y no lo digo de broma; los bosses son duros y exigentes, pero lo suficiente como para no obcecarte o frustrarte rápidamente. Para que os hagáis una idea, yo a Malenia nunca me la he pasado solo porque me parece demasiado frustrante, pero, en este juego, en nivel normal, he podido vencerlos en un lapso máximo de tres o cuatro horas, el que más me costó.
Aunque esa exigencia, con un sistema de combate tan variopinto y que, repito, te obliga a jugar todas tus cartas y no solo lo más cómodo y roto, provoca que estas peleas sean divertidísimas. Además, a esto hay que sumarle la enorme personalidad que desprende cada uno de ellos, su historia y sueños, así como unos diseños que me parecen de lo mejorcito que ha parido el género.
Pero estas peleas no serían tan satisfactorias si no fuera por