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Ojalá la saga Evil Dead fuera lo que quería Sam Raimi y no lo que ahora quiere el estudio que sea

3DJuegos · hace 1 h
Evil Dead Burn, Posesión infernal: En llamas, se estrenó el pasado 10 de julio, ha recaudado más de 72 millones de dólares en todo el mundo frente a un presupuesto de 20. La saga atraviesa el momento más sano y rentable de toda su historia. Lee Cronin ya había firmado en 2023 la película más taquillera de la franquicia con Evil Dead Rise, Posesión infernal: El Desperar, así que los números dicen con bastante claridad que el rumbo actual es el correcto. Pero no me hace nada feliz. Cada vez que se estrena una nueva entrega me ocurre exactamente lo mismo: pienso en la película de la saga que no existe y que es justo la que quería ver. Y es que hay una versión de esta saga que se quedó en un cajón y que es la que el director original, Sam Raimi, y el protagonista original, Bruce Campbell, querían hacer.






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Era la historia de un Ash Williams cincuentón, con la barbilla partida y la escopeta oxidada, dando tumbos por un páramo postapocalíptico infestado de máquinas. Y no es una fantasía mía de fan, que conste. Es literalmente lo que Sam Raimi quería rodar en los años 90 y lo que Bruce Campbell persiguió durante tres décadas. Ya sé que esto empieza a sonar a batallitas de señor mayor, pero la historia de cómo se enterró ese proyecto explica muy bien cómo funciona esta industria. Es una historia de abogados peleándose por Hannibal Lecter y de un plano final que llegó ocho años tarde.

El final que Sam Raimi rodó de verdadEl guion que Sam e Ivan Raimi escribieron para El Ejército de las Tinieblas terminaba de una forma cruel y perfecta. Ash tomaba una poción para dormir mágicamente hasta el siglo XX, con la advertencia de que debía beber seis gotas exactas, ni una más ni una menos. Ash, fiel a su naturaleza de idiota entrañable, se distraía con unas rocas que se desprendían del techo de la cueva, perdía la cuenta y se tragaba una séptima. Al despertar salía al exterior con barbaza y polvo hasta en las cejas para encontrarse las ruinas calcinadas de una Londres futurista bajo un cielo imposible. Caía de rodillas gritando de espanto en un homenaje descarado al desenlace de El Planeta de los Simios, y ese lamento se transformaba en carcajada de loco mientras arrancaban los créditos. Muy Sam Raimi.

Aquella fue rechazada por Universal por considerarla demasiado negativa y deprimente, porque el resto de Evil Dead es una fiesta de ilusión para ellos, entiendo…. El estudio ordenó rodar un final nuevo y así nació el final del S-Mart, con Ash entre los pasillos del supermercado, besando a la compañera de turno y soltando a cámara aquel "Saluda al rey, baby", el "Hail to the king, baby" que Duke Nukem replicó con tanto salero. La escena está bien, y hasta que conocí la verdadera historia de su origen, parece un buen final, y no tiene nada de malo, pero el otro era mejor. Lo que Universal amputó no fue un final amargo, fue el cliffhanger sobre el que se sostenía una saga entera de ciencia ficción distópica.








Universal tenía problemas con los derechos de Hannibal Lecter, y lo pagó Raimi y Campbell con su propio sueldoMientras se discutía el tono de ese final la película estaba secuestrada por una guerra corporativa que no tenía nada que ver con demonios, motosierras y palos de trueno. Dino De Laurentiis, que estaba en todas en aquellos años, conservaba desde Manhunter los derechos cinematográficos del personaje de Hannibal Lecter, Universal los necesitaba para su propia continuación de El silencio de los corderos y no conseguía arrancárselos por las buenas. Así que por las malas el estudio apretó donde le dolía a De Laurentis y retuvo tres millones de dólares destinados a la posproducción del único proyecto que compartía con el productor italiano, que casualmente era el de Ash Williams. 



Bruce Campbell, Sam Raimi y el productor Robert Tapert pusieron un millón de dólares de sus sueldos conjuntos para poder rodar el nuevo final que el propio estudio les había impuesto y salvar la película


Ash Williams, un tipo con una motosierra en el muñón, convertido en rehén de una negociación legal sobre la explotación comercial de un psiquiatra caníbal. El mundo a veces es un sitio muy loco, pero cuesta imaginar una imagen más exacta de cómo se tomaban las decisiones en Hollywood en aquella época. Todo esto lo pagaron los de siempre, claro. Bruce Campbell, Sam Raimi y el productor Robert Tapert pusieron un millón de dólares de sus sueldos conjuntos para poder rodar el nuevo final que el propio estudio les había impuesto y salvar la película. El estreno se retrasó del verano de 1992 hasta el 19 de febrero de 1993 mientras los abogados resolvían lo suyo, y para entonces la inercia comercial de la saga estaba muerta. La película recaudó 21,5 millones de dólares en todo el mundo, una cifra suficiente para v
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