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El odio amenaza con extenderse en Ceuta: del acoso racista al castigo a quien ayuda

elDiario.es · hace 15 días
Tras 38 días de crisis humanitaria en las calles ceutíes, donde miles de personas migrantes malviven a la intemperie ante la falta de plazas de acogida o traslados a la península, el clima de odio amenaza con extenderse en una ciudad carcaterizada por la diversidadUna niña ceutí que participaba en una protesta en Ceuta es acosada por otros manifestantes: “Invasora, tienes tuberculosis”
Los bramidos de un hombre cubierto de tatuajes hicieron girar las cabezas a tres chicos jóvenes y una mujer que, en distintos grupos, observaban el horizonte desde el puerto de Ceuta. Al encontrarse la concentración de banderas de España, que algunos migrantes ya identifican con un inminente grito en su contra, volvieron rápido su mirada hacia el mar. “¡Sinvergüenzas! ¡Invasores a Marruecos!”, escucharon a sus espadas. El resto le siguió con uno de sus cánticos habituales, entonado mientras miraban y señalaban a personas racializadas, cuyo origen o situación desconocían: “Invasores, expulsión”.

Uno de esos jóvenes a los que decenas de personas exigían volver a Marruecos era Asha. No era marroquí ni había llegado a Ceuta a finales de julio. Solo era negro y de nacionalidad inglesa. “He venido a visitar a un amigo, tenía el viaje preparado desde hace tiempo y decidí mantenerlo”, comenta el chico en inglés, con fuerte acento británico, en conversación con elDiario.es. Tampoco era migrante Melka, una adolescente caballa que pasaba la tarde con su primo marroquí, quién sí había cruzado la frontera en la entrada masiva. Para algunos los manifestantes que los insultaban, todos eran “invasores”. Y, quienes se acercaban a ellos, “traidores”.

Tras 38 días de crisis humanitaria en las calles ceutíes, donde miles de personas migrantes malviven a la intemperie ante la falta de plazas de acogida o traslados a la península, el clima de odio amenaza con extenderse en una ciudad caracterizada por la diversidad. Este tipo de acoso racista hacia personas de determinados rasgos, sean migrantes o no, se está repitiendo en varias de las protestas celebradas por vecinos ceutíes en las últimas semanas y choca con la convivencia que suele representar a la sociedad caballa.

Este domingo, durante otra de las marchas celebradas cada día por la ciudad para pedir seguridad durante el arranque del curso escolar, varios manifestantes insultaron y trataron de echar de la protesta a una niña ceutí de 13 años al “confundirla” con una menor migrante. “Invasora, te vi en el hospital con tuberculosis”, le dijo una mujer. A su acusación le siguieron los gritos e insultos de más personas a su alrededor, mientras que otros vecinos pedían tranquilidad a quienes acosaban a la niña o le ponían una bufanda de España para “protegerla” a su modo. En la misma marcha, una mujer llamó “puta mora” a una periodista de elDiario.es.

El clima de tensión por parte de la población local hacia los migrantes llegados a finales de agosto crece a medida que la falta de una respuesta institucional suficiente mantiene la crisis humanitaria en las calles de la ciudad, donde miles de migrantes continúan viviendo en asentamientos en la intemperie, ante la falta de plazas de acogida para recibirles- en parte motivado por las reticencias del Ejecutivo local a ceder espacios al Gobierno central para este fin-. Su situación de calle les obliga a vivir en condiciones de precariedad e insalubridad, y a su vez, impide la vuelta a la normalidad de los vecinos e incrementa la sensación de inseguridad ciudadana.

Solo acercarse a una persona migrante en las proximidades de una de estas manifestaciones suele generar una reacción. “Pues si eres de Ceuta peor, puta. Te acercas a ellos y luego te quejas si te violan, ojalá lo hagan”, espetó una mujer acompañada de un perro pastor alemán a la adolescente en la protesta contra el campamento de migrantes levantado en el puerto. En la misma convocatoria, esta periodista recibió varios ataques similares, mientras se encontraba entrevistando al joven inglés -para tratar de averiguar si había otra razón que motivase su presencia en la ciudad- y a un chico palestino que sí había entrado a la ciudad a finales de julio.

Hay situaciones y acciones concretas diarias que evidencian el rechazo de parte de la población a todo aquel que parezca una de las personas llegadas los días 30 y 31 de julio, esos a los que llaman “invasores”. Decenas de restaurantes y bares de la ciudad impiden la entrada a quienes aparentan ser migrantes. En otros donde no pueden evitar su acceso, desactivan los enchufes para evitar que carguen sus teléfonos o impiden que los usen solo las personas con ciertos rasgos.

En un Burger King de un centro comercial próximo al puerto ceutí, los enchufes no funcionan. elDiario.es preguntó al personal si había algún punto de electricidad para los clientes: “Los hemos apagado todos para que no vengan los inmigrantes”, respondió uno de los empleados. E
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