Una nueva arquitectura para el futuro: cómo hacer que la ciudad sea amigable con la vejez
elDiario.es · hace 9 días
Las expertas recomiendan repensar la ciudad con calles peatonales que tengan aceras de 1,80 metros de ancho como mínimo, con pavimentos lisos y regulares, zonas de descanso cada 200 metros y bancos con respaldo y apoyabrazos. El objetivo es hacerlas accesibles para las personas mayores y combatir la soledad no deseadaContra el edadismo del diseño urbano: por qué la ciudad caminable por los mayores es la mejor ciudad para todos
Red de itinerarios peatonales, aceras 1,80 metros de ancho, como mínimo, con pavimentos lisos y regulares, zonas de descanso cada 200 metros, bancos con respaldo y apoyabrazos. Repensar la ciudad para conseguir reducir su nivel de complejidad y hacerla más accesible para las personas mayores es un reto cada vez más presente en las agendas públicas. Las expertas enfatizan que el urbanismo es un factor determinante para prevenir la soledad no deseada, el deterioro cognitivo y unos niveles de disfrute que no deberían reducirse por el simple hecho de envejecer.
No existe una receta para conseguir que una ciudad sea amigable con las personas mayores. Es lo primero que dice Ana Fernández sobre los cambios necesarios para convertir entornos urbanos en espacios cercanos y seguros para un colectivo cada vez más numeroso. “La ciudad ahora mismo está pensada como una forma de facilitar el trabajo y la acumulación de capital, y la vejez es lo opuesto a eso, de ahí que existan tantas barreras”, explica la experta, una de las autoras de Arquitecturas del cuidado. Hacia un envejecimiento activista (Icaria, 2019).
Esta arquitecta va más allá de las barreras arquitectónicas que todavía permean los barrios para recalcar que el urbanismo juega un papel esencial en torno a la soledad no deseada que, en muchas ocasiones, experimentan las personas durante la vejez. “Que la vivienda no esté muy aislada y haya espacios intermedios entre la calle, el ruido y el bullicio y la casa facilita que la gente tenga intercambios y trabe relaciones con otras personas”, señala.
Las especialistas coinciden al sostener que una ciudad atractiva para las personas mayores se parece mucho a una ciudad atractiva para los niños pequeños, lo que también redundaría en un mayor disfrute para la población en general. “Que haya una mezcla equilibrada de usos y que no sean necesarios los desplazamientos largos ayudaría mucho a ello”, comenta Fernández. La coautora del libro, Irati Mogollón, coincide: “Aquí lo importante es preguntarse cómo una ciudad puede ser vivible en cada una de las fases de nuestra vida, así que lo primero es intentar integrar la diversidad de usos”.
Todo cerca y accesible
Esta socióloga menciona la ciudad de los 15 minutos como uno de los objetivos a lograr. Es decir, que en ese tiempo una persona pueda ver colmadas sus necesidades básicas, tales como poder acudir a un centro de salud, una biblioteca, un supermercado o una farmacia. Por otra parte, incide en la sensorialidad de las personas mayores: “Ante la sobreestimulación de muchas ciudades, muchas personas prefieren replegarse ante la vorágine”.
Mogollón sostiene que una posible solución es la creación de oasis climáticos y zonas de respiro, con plazas con sombra, y espacios verdes, en los que convivan niños jugando a la pelota y personas mayores paseando, sentadas en un banco y socializando. Además, lo más nimio que le puede parecer a cualquier otra persona, para aquellos más envejecidos puede suponer un impedimento. Esa es la razón por la que tantos ancianos caminan por el carril bici, porque así se aseguran de no tropezar, ilustra esta especialista.
Ahora detectamos que muchas ciudades no se han adaptado a las necesidades del itinerario vital de las personas
Mari Ángel López
— Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España
En esa sobreestimulación también toma parte el color. “La cartelería exterior iluminada en las tiendas para mí debería ser ilegal. Esos destellos son muy agresivos para los mayores”, ejemplifica Mogollón. Todos estos aspectos los tienen muy en cuenta desde el Observatorio 2030 del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España. Mari Ángel López, una de sus integrantes, defiende que las ciudades y los pueblos necesitan construir una “nueva capa histórica”: “Ahora detectamos que muchas ciudades no se han adaptado a las necesidades del itinerario vital de las personas”, adelanta.
Diseño urbano y democracia
Apuestan por el diseño, esa herramienta de transformación social y de inclusión que debe abarcar a todas las personas de todas las generaciones, tal y como lo definen. “Cuando una persona no puede acceder a su espacio más próximo, le impedimos generar memoria emocional y sentimientos vinculados a esos espacios”, reconoce López. En este sentido, apuesta por una red de itinerarios peato