Antes de la visita de la hermana muerte, con 37 años y postrado en la cama de un hospital, redactó una carta de reconciliación para su editor. Fueron las últimas palabras, en las que le contó su situación –internado por tuberculosis cerebral–, donde se arrepintió por sus acciones y en las que dejó en claro sus ganas de vivir. Lo hizo porque lo veía como a un padre. Porque en algún momento aquel moribundo fue un hombre alto, fuerte, de personalidad intensa y con un genio que de principio sólo fue entendido por el editor Maxwell Perkins, quien lo ayudó a su objetivo de llenarse de gloria. El escritor de Asheville, Carolina del Norte, Thomas Wolfe (1900-1938), escribió como un poseso que es consciente de que el tiempo se le iba de las manos.