Nací en Alemania Oriental y sé por qué tantas personas en el este votan a la extrema derecha: no es un anhelo heredado por la dictadura
elDiario.es · hace 4 días
La política del resentimiento ha ganado fuerza en el este del país, donde nací. Pero los alemanes del oeste también tienen preguntas incómodas que responderMerz planea un voto de confianza de la cúpula de la CDU si se confirma la deblace en las elecciones regionales
Desde joven me acompaña el temor a que un movimiento fascista de extrema derecha vuelva al poder en Alemania. Con un impactante 44% de los votos y niveles récord de participación, el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (Afd) consiguió este 6 de septiembre una victoria contundente en el Parlamento regional de Sajonia-Anhalt. Si la formación antiinmigrantes y favorable al Kremlin consigue formar gobierno, será la primera vez desde la era nazi en la que un partido de extrema derecha se pone al frente de un estado alemán. Este domingo también hay elecciones regionales en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y todas las encuestas dan la victoria a AfD. Ambas regiones se encuentran en la antigua República Democrática Alemana (RDA).
La víspera de las elecciones, envié un mensaje a una amiga que tiene sus raíces en Alemania del Este, igual que yo. Le pregunté si el posible resultado electoral le preocupaba o le asustaba tanto como a mí, que llevaba días atrapada en un bucle de vídeos, reels, reportajes y entrevistas sobre el terreno. En ese material que consumía sin parar podía reconocer al tipo de personas que se decían votantes de AfD. Podían haber sido familiares, amigos de mis padres, antiguos profesores o compañeros de colegio. ¿Por qué decían cosas tan incoherentes?
Yo me crié en Sajonia, un estado hermano del de Sajonia-Anhalt en el este de Alemania. Aunque los dos estados no sean del todo iguales, en muchos aspectos fundamentales tienen similitudes. A finales de los 90 y principios de siglo XXI, cuando iba al instituto en Leipzig, ver a extremistas de derecha se convirtió en una parte de mi paso a la edad adulta. Cada viernes por la noche, se palpaba el miedo a que hubiera neonazis con los puños cerrados o bates de béisbol esperando a la salida de discotecas, bares y paradas de tranvía.
Recuerdo especialmente los primeros de mayo como el momento culmen de los neonazis, cuando les permitían desfilar por el centro de la ciudad. “Sajonia es inmune al extremismo de derecha”, decía a pesar de ello Kurt Biedenkopf, que tras la reunificación fue primer ministro de Sajonia durante 12 años. Criado en Alemania Occidental, Biedenkopf pertenecía a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y era un aliado clave de Helmut Kohl.
A finales de los 90 se palpaba en Leipzig el miedo a que hubiera neonazis con los puños cerrados o bates de béisbol esperando a la salida de discotecas, bares y paradas de tranvía
En 2004, un año antes de terminar mis estudios, la formación de extrema derecha Partido Nacional Demócrata de Alemania (NPD, por sus siglas en alemán) sacó un 9,2% de los votos y entró por primera vez en el Parlamento regional de Sajonia. En 2005, me fui a vivir a Berlín. Uno de los motivos fue la insoportable y peligrosa presencia de neonazis y extremistas de derecha en mi estado natal. Muchos de mis compañeros hicieron lo mismo que yo. Ya estaba claro que los “paisajes floridos” que había prometido en 1990 Kohl, el canciller de la reunificación, no estaban haciéndose realidad.
Lo que en el este de Alemania no ha dejado de crecer desde entonces es el extremismo de derecha. Solo han cambiado los nombres: del NPD se pasó en 2014 a Pegida, un movimiento de protesta contra la inmigración y, finalmente, a AfD. Estoy aterrorizada, pero no sorprendida: si no se les pone coto, las estructuras fascistas nunca se detienen. Pero este resultado también es consecuencia de una relación profundamente conflictiva entre la Alemania oriental y la occidental.
Si no se les pone coto, las estructuras fascistas no se detienen. Pero este resultado electoral también es consecuencia de una relación profundamente conflictiva entre la Alemania Oriental y la Occidental
Magnus Brechtken, subdirector del Institut für Zeitgeschichte de Múnich (el instituto de historia contemporánea más importante de Alemania), concedió hace unas semanas una entrevista al periódico FAZ. “Muchos alemanes occidentales ya están hartos”, decía el título. La entrevista, que se volvió viral, fue planteada como un resumen de hechos históricos dirigido a los alemanes del este que, por rencor hacia la Alemania del oeste, se sentían tentados a votar por AfD. Según Brechtken, las diferencias por las que el este llevaba quejándose 36 años ya eran más emocionales que racionales y se debían a una falta de introspección sincera.
Brechtken fue todavía más lejos al sugerir que los alemanes orientales sentían nostalgia por las soluciones autoritarias mientras que los occidentales se habían pasado los últimos 75 años demostrando qu