Mirar más, mostrar menos: por qué los jóvenes han cambiado su relación con las pantallas
elDiario.es · hace 7 días
Muchos jóvenes pasan buena parte de su vida 'online', pero publican en sus redes con más cautela que generaciones anteriores. La huella digital, la mirada ajena y la presión estética ayudan a explicarloLas gafas de Meta y el problema de convertir la vigilancia en algo estético
Aquellas generaciones que vivimos el nacimiento de las redes sociales —Tuenti, Facebook y MySpace, a las que unos años después se sumaría Instagram— empezamos a concebir cada vez más nuestra vida como algo público, compartible. Durante la etapa analógica, las fotografías apenas eran vistas por quienes tenían el interés —y la paciencia— suficiente para permanecer sentados en el salón de casa pasando las hojas del álbum familiar. Después, la digitalización trajo consigo incontables imágenes almacenadas en carpetas en el disco duro de nuestros ordenadores. Las redes sociales dieron un paso más: no solo permitían guardar aquellos recuerdos, sino mostrarlos. Poco a poco, compartir la propia vida se convirtió en una parte más de vivirla.
Sin embargo, en los más de 15 años transcurridos desde el nacimiento de Instagram, donde hemos compartido (casi) todo, también ha aumentado la conciencia sobre quién puede estar al otro lado de la pantalla, cuánto tiempo permanece aquello que publicamos y qué ocurre con toda la información sobre nosotros que acumulan las grandes plataformas tecnológicas.
Los jóvenes de la generación Z parecen convivir así con una paradoja: pasan buena parte de su vida conectados y consumen enormes cantidades de contenido, pero eso no significa necesariamente que estén dispuestos a mostrar su propia vida con la misma despreocupación con la que lo hicieron quienes estrenaron Facebook, Tuenti o Instagram años atrás
Es posible encontrar perfiles prácticamente vacíos detrás de una intensa actividad digital
¿Se exponen realmente menos los jóvenes? ¿Es una cuestión de mayor conciencia sobre la privacidad, de miedo a la mirada ajena o de una nueva forma de entender qué partes de la identidad merece la pena hacer públicas? ¿Cuánto están dispuestos a compartir y, sobre todo, con quién?
Conectados, pero cada vez menos expuestos
Los más jóvenes pasan mucho tiempo conectados a la red. Según el último estudio sobre los hábitos de salud de los niños en edad escolar (HBSC por sus siglas en inglés), que coordina la Organización Mundial de la Salud, el 36% de los adolescentes de entre 11 y 15 años vive conectado casi todo el tiempo a lo largo del día, una cifra que se eleva hasta el 44% en chicas de 15 años. Las redes se han convertido en un espacio central de socialización que les permite mantener conversaciones y amistades, hacer planes o generar códigos culturales compartidos. No estar en internet puede significar también quedarse fuera de una parte de la vida social del grupo.
Sin embargo, la paradoja se produce cuando, pese a dedicar gran parte de su cotidianidad al espacio digital y consumir grandes cantidades de contenido, muchos jóvenes dejan cada vez menos constancia pública de sí mismos. Es posible encontrar perfiles prácticamente vacíos detrás de una intensa actividad digital.
Si en sus primeros años las redes favorecían una publicación más espontánea que te conectaba con tus amigos, hoy sus lógicas han virado hacia los algoritmos de recomendación y el 'scroll' infinito.
Mª Dolores Sánchez Hernández, profesora de la UNED e investigadora en Psicología Social, explica que esta transformación de usuarios más activos —publicar, comentar, mostrarse— hacia formas de participación más pasivas —consumir contenido sin exponerse demasiado— responde a varios motivos. En primer lugar, porque “hay un mayor conocimiento de los riesgos asociados a exponerse públicamente. Esta generación ha crecido con la vigilancia algorítmica como telón de fondo y sabe que sus publicaciones pueden estar expuestas a audiencias que no controla”,