Acoso a ONG en Ceuta: antecedente del ataque a la diputada
elDiario.es · hace 1 días
Ser parte de una ONG, o parecerlo, es un riesgo en Ceuta desde hace un mes y medio. Acercarse a una persona migrante, también. Ayudar o escuchar a alguno de los jóvenes marroquíes llegados a finales de julio a la ciudad autónoma acarrea insultos, agresiones y hostigamientos, según ha podido comprobar elDiario.es en el terrenoEl audio que encendió la chispa que acabó en ataque a la diputada y los activistas en Ceuta: “Apoyan a ETA”
El operativo policial acababa de evacuar del Puerto de Ceuta el vehículo en el que viajaban la diputada ceutí y los abogados, atacados por decenas de personas en Ceuta. Entre risas, algunos vecinos comentaban los destrozos del Mercedes gris sobre el que se habían abalanzado, pero de cuyos ocupantes desconocían su identidad. Otros empezaban a reconocer, ya algo nerviosos, que no sabían quiénes se encontraban en su interior. Un hombre, con una trompeta en su mano, admitía que una de las mujeres agredidas llevaba un bolso con la inscripción de la ONU. Cuando se les preguntaba por el motivo que desembocó en la avalancha en contra del vehículo, todos respondían de una manera similar: “Eran de esos de ONG”.
Rafael Borrego es un reconocido abogado y activista en defensa de los derechos humanos y quienes lo observaban desde la protesta a la entrada del Puerto asumieron que pertenecía a una organización que ayuda a los migrantes en la ciudad. Eso fue suficiente para arremeter contra el coche en el que se introdujo, que en realidad pertenecía a la diputada de Ceuta Ya Julia Ferreras, donde también viajaba una abogada experta en derechos humanos a nivel internacional, Sofía Cánovas. La Policía Nacional se encuentra investigando los hechos y dos agentes heridos por los manifestantes se han personado en la denuncia, según fuentes ligadas a la investigación.
Un vecino ceutí retira con violencia el parabrisas del coche de la diputada Julia Ferreras de Ceuta YA.
Ser parte de una ONG, o parecerlo, es un riesgo en Ceuta desde hace un mes y medio. Acercarse a una persona migrante, también. Ayudar o escuchar a alguno de los jóvenes marroquíes llegados a finales de julio a la ciudad autónoma acarrea insultos, agresiones y hostigamientos, según ha podido comprobar elDiario.es en el terreno. Los ataques no proceden únicamente de algunos vecinos ceutíes, también este medio ha presenciado este tipo de acoso por parte de agentes de la Policía Nacional o patrullas de militares.
Hay agentes y militares que han llamado “guarra” o “perra” a algunas voluntarias de los colectivos más criminalizados actualmente en Ceuta, No Name Kitchen y Brigadas de Apoyo Mutuo. “Los insultos y vejaciones son constantes”, dice una de las voluntarias, que prefiere no detallar su nombre. Las matrículas de algunos de sus coches son difundidas por grupos de WhatsApp y, cuando alguien los ve, son increpadas al instante. Delante de elDiario.es, vecinos han llamado “guarras”, “perroflautas” y las han amenazado con destrozar su vehículo, las han tachado de terroristas cuando solo iban a comprar agua o les han echado la ceniza encima mientras bloqueaban su labor.
“Tenemos pinchazos en las ruedas de vehículos de nuestros voluntarios. Tenemos coches rajados. Hemos sufrido disparos con balines de pistolas de aire comprimido, lanzados desde edificios durante la distribución de comida. También alguna piedra”, explica Ric Fernández, coordinador de la ONG No Name Kitchen. La organización fue víctima de varias campañas de difamación tras acusarla sin pruebas de haber repartido gas pimienta entre los migrantes. La organización denuncia también que algunos de los DNI de sus miembros se han “filtrado en en chats participados por policías”. “Una de las fotos en particular del DNI se ven las propias manos de la policía sujetándolo”, denuncia Fernández.