“Me daba miedo disfrutar de algo que podía perder”
Infobae · hace 1 h
Parado frente al espejo, me “semblanteaba”, como me gustaba decir. Trataba de descubrir en mi propia mirada qué mujer me gustaría encontrarme esa noche. Hacía un año y medio que me había separado y, en ese tiempo, pude aprender bastante sobre el arte de la seducción. También había empezado a entender algunas cosas que durante mi matrimonio pasé por alto: una mujer necesita sentirse elegida todos los días, no solo al principio de una relación. Se ve que no lo tuve en cuenta y que para mi mujer me convertí en un plomazo; por eso ella terminó eligiendo otro camino y, por lo que podía ver, le iba muy bien. Se la veía radiante.Ya no tenía sentido lamentarme, sino aprender. Durante los primeros meses salí con mujeres más jóvenes, encuentros que muchas veces me resultaron complejos porque con el tiempo descubrí que la sola atracción física no me alcanzaba. Necesitaba ir más allá de las primeras impresiones, tener una conversación sincera y disfrutar de una intimidad que no se terminara al ponernos la ropa. Fue así como me reconocí más cómodo con las mujeres maduras, especialmente con aquellas que habían atravesado la maternidad, porque en ellas advertía una manera distinta de mirar la vida y los vínculos, sin tantas expectativas sobre lo que el otro debía ser.Mis encuentros se habían convertido en una forma de reparar mi propia historia. Durante mucho tiempo me consideré un tímido perdido, pero ahora empezaba a llevarme mejor conmigo mismo. Aprendí a conversar, a escuchar y a descubrir que cuanto mayor es la conexión entre dos personas, más plena y profunda se vuelve la sexualidad.Una noche conocí a una mujer en un pub irlandés. Charlamos, nos reímos y terminamos en su departamento compartiendo un encuentro íntimo e intenso, de esos en los que se siente que ocurre algo que va más allá de cualquier explicación.Al salir de la ducha, la vi desnuda sobre las sábanas arrugadas y me detuve a mirarla. Su cuerpo de mediana edad contaba una historia propia a través de sus formas, su piel, sus caderas, su vientre habían perdido la firmeza de la juventud, no obstante, algo me desarmó por completo y eclipsó cualquier idea de perfección: su sonrisa. Tenía una expresión de plenitud que no necesitaba explicaciones ni parecía guardar ninguna de las tensiones que a veces aparecen después de la intimidad.
Anónimo y sin cuenta. Usa los pulgares para votar o Responder para continuar el debate.
Sé el primero en opinar sobre esta noticia.
¿Quién es Mio?
Mio es el rival automático de Miopinion cuando juegas solo: memoria, truco, billar, lotería y más. No es una persona; el juego corre en el sitio, gratis y sin registro.