Las causas del aumento de los tipos a largo son múltiples: el aumento del endeudamiento público, en especial en Estados Unidos, que muchos flujos de inversión de ahorro que antes se dedicaban a comprar bonos se han ido a la IA y un cambio en las expectativas de inflación a largo plazoLa subida de los tipos acelera la pelea de los bancos por captar los depósitos de ahorro y las cuentas remuneradas
Tal y como se esperaba, el pasado jueves, 10 de septiembre, el BCE subió 25 puntos básicos (pb) los tipos de interés oficiales. Se trata, como recoge el Gráfico 1, de la segunda subida de 2026, tras la que tuvo lugar el 16 de junio, quebrando un largo período de un año en el que los tipos se mantuvieron constantes. De hecho, la subida de junio se interpretó como un “ajuste técnico” por si se necesitaba hacer un recorte en el futuro. Pero no hubo tal recorte, sino una nueva subida que buena parte de los analistas ha valorado como la última de este año, en parte porque la presidenta Lagarde no ha dado ninguna pista sobre cuál sería la próxima decisión.
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Discrepo de esta interpretación tan optimista, y me baso en los propios escenarios que hizo públicos el BCE el pasado jueves y que recojo en la tabla a continuación. En el escenario base, el BCE pronostica una inflación del 3% para la zona euro en el conjunto de 2026, pero bajo el supuesto de que el barril de Brent se mantenga en torno a los 89,5 $/barril y el Gas Natural en los 51 €/MWh. Pero los valores de la última semana están muy lejos de ese escenario base. El precio del petróleo se ha movido en el entorno de los 106 $ el barril y el precio del gas en los 80 €/MWh.
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Y es que los valores actuales del mercado están por encima de lo que el BCE considera escenarios “adversos” (90 $ y 56 €, respectivamente) o incluso “severos” (99 $ y 69 €). Es difícil imaginar que, de mantenerse los precios de la energía en estos niveles durante algunas semanas, el BCE, que se ha mostrado bastante activo en los últimos años, permanezca impasible con los tipos de referencia actuales. Y es que todo ha cambiado radicalmente en las últimas semanas, sobre todo comparando con los precios de la energía a finales de junio, cuando parecía que EEUU e Irán habían llegado un acuerdo estable que empujó a los precios del petróleo a los 70 $ y del gas a los 40 €.
Hoy el petróleo, con Ormuz y Bab el-Mandeb en llamas, está un 50% más alto, en niveles no vistos desde mayo, y el gas el doble que en julio, en máximos desde hace casi 4 años. Y aunque nadie espera que se vuelva a repetir la subida de 2023, tras la crisis de Ucrania, en que los tipos de interés escalaron hasta el 4%, a no ser que se detecte un efecto contagio sobre los precios de los alimentos o de algunos servicios, lo que se conoce como “efectos de segunda ronda”. Pero de ahí a suponer que la del jueves ha sido la última subida del año, hay un buen trecho.
Y en el otro lado del Atlántico este miércoles tenemos la decisión de la Reserva Federal de EEUU. En los dulces momentos de julio, se discutía sobre si el primer movimiento de Kevin Warsh, que desde mayo es el nuevo presidente de la Reserva Federal, sería un recorte de tipos, tal y como desea Trump. Hoy, lo más probable es que la Fed suba también los tipos de interés el día 16, su primera subida en 3 años, tal y como recoge el Gráfico 1. Tanto las sorpresas de inflación en EEUU como la evolución de los precios de los carburantes, que ahí no se enmascaran con recortes de impuestos, apuntan en esa dirección.
Los tipos a largo plazo
Si los tipos de interés de los bancos centrales presentan gran incertidumbre, el verdadero problema lo tenemos en los tipos de interés a largo plazo, en particular los bonos públicos a 10 años, que es la referencia más líquida. Tal y como recoge el Gráfico 2, tanto el tipo de interés del bono americano como el del alemán, que es la referencia europea sobre la que se definen los diferenciales o “primas de riesgo” del resto de los países, se encuentran en máximos de las últimas décadas. En el caso americano, rondando el 5% que en media mensual no se había visto desde 2007, antes del comienzo de la gran crisis financiera de 2008. Es cierto que, tal y como señala el Gráfico 2, estos niveles se vieron pun