Madrid consuma su eventificación con la Fórmula 1 y deja a los vecinos como ruido de fondo
elDiario.es · hace 9 días
Mientras el debate en redes se centra en los errores logísticos, una carrera anodina o el ruido, el Gran Premio escenifica un modelo de ciudad tensionada y precarizante cada vez menos habitable. Un Madrid alejado de sus habitantes y su idiosincrasia, por mucho que el recinto recurra al chotis o a Manuela MalasañaEl ruido de los motores no aplaca los gritos contra la Fórmula 1 en Madrid: “Puede suceder lo que ocurrió en Valencia”
Las palabras de Ana Botella durante la presentación de la candidatura de Madrid para acoger los Juegos Olímpicos de 2020 quedaron inmortalizadas (y ridiculizadas) en el imaginario colectivo por varias razones. El tono del discurso, como si estuviera ante una audiencia de párvulos, o la afectada gestualidad contribuyeron sin duda al meme. Pero también el contenido, que reducía la ciudad a una estampa idílica de turista, aquel para el que la urbe se limita a un lugar característico como la Plaza Mayor donde tomar algo antes de pasar a otro monumento.
Han pasado 13 años desde aquella intervención y muchas cosas han cambiado, pero otras no tanto. En Madrid, los dirigentes políticos han refinado la forma de apelar al tópico, de utilizarlo para vender una ciudad que en su realidad va mucho más allá. Los Juegos Olímpicos nunca llegaron, pero el Gran Premio de Fórmula 1 que se ha disputado en torno a Ifema del 11 al 13 de septiembre (y que se repetirá al menos hasta 2036) ha servido para escenificar esa reducción de Madrid al absurdo.
Ganó Kimi Antonelli, líder destacado del Mundial; Fernando Alonso terminó decimoséptimo y Carlos Sainz abandonó por una avería. El rey Felipe VI entregó el trofeo al vencedor e Isabel Díaz Ayuso a Max Verstappen, segundo clasificado en un podio que completó Lando Norris. El monarca, por cierto, capeó un “viva la República” desde el estrado después de que la grada coreara vivas a su figura y a España. En el público también se escucharon insultos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Pero más allá de una carrera anodina con escasos adelantamientos, queda un acontecimiento consagrado a los vips (que han pagado entradas de hasta 16.000 euros por persona) en un escenario de cartón piedra. Mientras por el paddock se pasean Plácido Domingo, Rafa Nadal o Zinedine Zidane, la capital se rebaja de nuevo a decorado de macroeventos, con los que va perdiendo su identidad por la progresiva expulsión de unos vecinos que no se resignan y se manifiestan en contra, como ha ocurrido este domingo.
Para compensar esa imagen desdibujada, estos proyectos ofrecen un madrileñismo o españolismo impostado a base de actuaciones de chulapas y flamencas, bares con guiños a Manuela Malasaña o food trucks que ofrecen tapas típicas de la región (previo contrato publicitario).
De la NFL o los frustrados conciertos en el Bernabéu hasta la residencia de Shakira en el Iberdrola Music, ya hasta las liturgias papales se entienden como un espectáculo donde los intereses privados cuentan con la colaboración (y el gasto) de las administraciones públicas.
Como punta de lanza de esta estrategia, la mayor bandera española jamás izada ocupa el horizonte en la principal recta de Madring, circuito nombrado echando mano de un anglicismo. Contando el mástil la enseña alcanza los 54 metros, un guiño a los 5,4 kilómetros del trazado. También son un récord sus 16,6 metros de ancho y 25 de largo, para un total de 416,5 metros cuadrados. El contrato para su adjudicación, que detalla el consiguiente coste, todavía no se ha hecho público. Todo para que lo verdaderamente representativo de la ciudad haya sido el calor extremo y la falta de sombra.
Varias personas, entre ellas una mujer vestida de chulapa, observan en primera línea la parada del piloto japonés Yuki Tsunoda en boxes con la gran bandera de España al fondo de la pista.
Curiosamente, el izado de la bandera y su correspondiente interpretación del himno nacional