Los ataques a los trabajadores humanitarios en Ceuta obligan a algunos a retirarse por seguridad
elDiario.es · hace 4 días
Las organizaciones humanitarias que trabajan en Ceuta denuncian el aumento de la tensión e intimidaciones que han forzado a algunas de ellas a dejar de asistir a personas migrantes en la ciudad autónomaEstallido de violencia racista en Ceuta: grupos organizados atacan a migrantes y vecinos musulmanes
“Ya no podemos trabajar más”, dice a elDiario.es Chadi Boukhari, coordinador de Border Resistance, grupo que asiste a las personas migrantes en Ceuta desde principios de agosto. Boukhari explica que su pequeño equipo de voluntarias prepara su retirada definitiva de Ceuta ante el deterioro de la seguridad y el desgaste acumulado durante las últimas semanas.
“La seguridad de las personas es lo primero”, sostiene. Algunos de los miembros ya han comenzado a volver a la Península. Chadi denuncia amenazas y episodios violentos contra activistas y personas que colaboran con los migrantes. Ahora, Border Resistance trabaja en la publicación de un informe con vídeos, grabaciones y testimonios recopilados durante un mes. “Podemos resistir con autoridades, con militares, con todo, pero con grupos fascistas no podemos”, afirma.
El estallido violento ha alcanzado su pico esta semana, pero no es un fenómeno nuevo. Durante más de dos horas y al grito de “la Cruz Roja es una mafia”, decenas de personas impidieron este jueves el acceso de un camión de la organización humanitaria a la playa del Trampolín, uno de los puntos en los que la organización distribuye alimentos entre las personas migrantes que continúan en Ceuta casi un mes después de su entrada desde Marruecos. La protesta no terminó ahí. Los manifestantes se desplazaron después hasta los asentamientos informales de migrantes en playa de Benítez, donde se produjeron destrozos y fueron incendiadas sus pertenencias y las estructuras utilizadas para refugiarse.
La jornada llegaba ya marcada por otros episodios de violencia. Horas antes, doce migrantes marroquíes habían sido detenidos después de que un grupo de entre 30 y 40 personas apedreara un vehículo militar en Benzú, causando heridas a cuatro miliares, según fuentes policiales. La evolución de las protestas y los actos violentos, así como los ataques contra personas migrantes y quienes les prestan asistencia y ayuda humanitaria han encendido las alarmas entre organizaciones sociales y parte de los propios vecinos de Ceuta. La asistencia humanitaria se ha convertido en objetivo de ataque y ello ha obligado a algunos a replegarse por miedo e incluso a dejar de prestar asistencia.
La ayuda humanitaria, en el centro de la tensión
A través de un comunicado, la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo ha mostrado su “profunda preocupación” por la deriva violenta de los últimos días y reclama una respuesta coordinada de las administraciones que proteja tanto a las personas migrantes y refugiadas como al personal humanitario.
Amnistía Internacional asegura haber recibido información sobre amenazas al personal de Cruz Roja y otras entidades y obstáculos al reparto de agua, comida y asistencia. Además, la organización reclama que quienes prestan ayuda puedan trabajar con seguridad y sin miedo.
Temo que, si continúa esta escalada, las agresiones terminen provocando una reacción y enfrentamientos entre distintos grupos. Por eso intentamos rebajar la tensión. Confío en que los próximos días permitan recuperar cierta calma, pero, si no ocurre, las consecuencias pueden ser mucho más graves
Abdellah Mustafa
— presidente vecinal de Sidi Embarek
Asociación Elín, que continúa trabajando sobre el terreno, también alerta a este medio de que la situación se está volviendo cada vez más difícil. Trabajadores y voluntarios de la organización aseguran haber sido increpados por la calle cuando se encontraban con migrantes, aunque insisten en que son los propios migrantes quienes llevan semanas sufriendo las situaciones más graves.
Casi un mes después de las entradas desde Marruecos, la organización asegura que todavía hay numerosas personas viviendo en la calle, escondidas en los montes, repartidas por distintos puntos de la ciudad o la playa del Trampolín. Entre ellas, señala especialmente la presencia de niños y adolescentes, mujeres y personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ que continúan sin espacios seguros para alojarse.