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Llevo unos días jugando a The Blood of Dawnwalker y su mejor idea no son los vampiros: es que cobran impuestos

3DJuegos · hace 9 días
Ya llevo unos días metido en The Blood of Dawnwalker y estoy encantado con lo que me ha dado hasta ahora: el combate, la mitología de los Cárpatos, esa gestión del tiempo de treinta días y treinta noches que obliga a decidir qué dejas sin hacer… Se nota que es un juego hecho con más cariño que recursos, es verdad, pero también es parte de su encanto. Y con todo, lo que me anda rondando la cabeza desde el segundo día no es nada de eso, sino un detalle de trasfondo que delata el buen trabajo de worldbuilding que hay detrás. El clan Vrakhiri no gobierna Vale Sangora solo a base de terror nocturno y colmillos en la yugular. Lo gobierna con un sistema fiscal.






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Es un detalle que importa más de lo que parece. El valle estaba en manos de un señor feudal de lo más humano, Skender, que respondió a la peste negra con purgas de los enfermos, violencia, superstición y feudalismo aplicado. En ese vacío de legitimidad entran los vampiros, Brencis reconvierte el modelo político social de Skender y ofrece a continuación algo que ningún gobernante humano podía dar en aquella época: un sistema de sanidad pública. ¿Exagero? No. La sangre vampírica cura la peste, y su consumo constante mantiene vivos y sanos a sus súbditos. A cambio, cada adulto entrega su parte de sangre en cada luna llena, y eso es el impuesto de sangre.

Sangre por sangre. Es un curioso nuevo régimen: primero se deroga lo anterior, después se ofrece lo que nadie más puede ofrecer, y solo entonces se pasa la factura social. La tiranía llega envuelta en la solución a los grandes males y problemas de la sociedad. No perdamos de vista que se trata de monstruos que comen gente, por favor.



La sangre vampírica cura la peste, y su consumo constante mantiene vivos y sanos a sus súbditos. A cambio, cada adulto entrega su parte de sangre en cada luna llena


Lo interesante es que un campesino de 1347 no habría visto ahí nada especialmente exótico. Tal vez ni siquiera en lo de comer gente. Fijaos: debido a un cambio climático adverso conocido como la Pequeña Edad de Hielo, lluvias torrenciales consecutivas arruinaron las cosechas en el norte y centro de Europa. Esto provocó una escasez de alimentos tan extrema que entre el 5 % y el 12 % de la población de la región murió por inanición. Esto es real, historia pura. Ante la desesperación, la población recurrió a medidas límite como el canibalismo. 

Sin llegar a esos extremos, en general la población europea ya pagaba el diezmo al gobierno de turno y a la Iglesia y ya debía jornadas de trabajo a su señor, es decir, ya entregaba de forma regular una parte fija de lo que su cuerpo producía, de su tiempo, de su vida. Sudor y sangre. La diferencia entre ceder el grano, ceder el tiempo de trabajo y ceder la sangre es de grado, y el juego lo entiende perfectamente. Por eso The Blood of Dawnwalker no necesita explicarte su sistema económico con un tocho de lore: te lo enseña en la reacción resignada de los aldeanos, que discuten la cuota de sangre y la asistencia obligatoria a las misas como quien discute una tasa municipal. 

Este es un momento perfecto para decir que claro que soy defensor de la sanidad pública gratuita, que considero un derecho universal incondicional para la prosperidad de cualquier sociedad, y que es el deber de toda sociedad garantizar sus condiciones y garantice su acceso gratuito a toda la población. Pero estamos hablando de feudalismo, vampiros y de un grupo de desarrolladores polacos con algo que decir sobre todo esto. 







Imagen de Bloodborne



El vampiro que te cura la peste no es solo un depredador, también es un veterinarioAquí es donde el juego se conecta con toda una tradición que llevo años disfrutando en todo tipo de formatos. La jugada de Brencis es como la de la Iglesia de la Sanación en Bloodborne: vender una cura milagrosa para construir sobre ella un régimen político y social. En Yharnam la sangre atrae peregrinos de todas partes, la Iglesia tiene un control total sobre ella y quien no puede pagarse la transfusión firma un contrato para convertirse en cazador. La letra pequeña, en ambos casos, es que el remedio te transforma en un esclavo. Quien no controla el recurso principal de cualquier entorno, geográfico, económico o social, está sometido a quien sí lo hace.

El mismo mecanismo aparece cada vez que un autor quiere explicar cómo un poder monstruoso entra sin resistencia dentro de un sistema social, o como los sistemas autoritarios logran establecerse sobre las democracias. En The Strain, Guillermo del Toro y Chuck Hogan colocan a un magnate moribundo, Eldritch Palmer, que abre las puertas de Nueva York a un señor vampiro a cambio de la promesa de no morirse. En Vampyr,
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