Lee Chang-dong reclama el León de Oro con ‘Possible Love’, una sobresaliente mirada a cómo el cine vampiriza a la clase obrera
elDiario.es · hace 15 días
El director coreano regresa ocho años después de 'Burning' con una inteligente, afilada e incisiva propuesta sobre las relaciones de dos parejas de diferente clase con el cine como (des)uniónRobert Pattinson no es suficiente para salvar 'Primetime', una mirada banal al reality que descubría pederastas en directo
El cine siempre ha sentido una fascinación por la clase obrera. Ya en sus primeros compases, los hermanos Lumière lo primero que retrataron fue a los trabajadores de su fábrica en 1895. Ahí ya se evidenciaba una fricción que se alargaría hasta nuestros días, ¿cómo alguien que viene de una élite, de una clase alta burguesa y rica, puede retratar a aquellos con los que apenas se junta? En el caso de los Lumiére solo fue una cámara fija grabando cómo salían de su trabajo, pero según el lenguaje cinematográfico avanzaba y las narrativas se complejizaban, ese conflicto de clase entre los que miraban y los que eran observados se hacía más evidente.
En 2026 el cine lo sigue haciendo, en un gran porcentaje, gente pudiente. Aunque la tecnología ha democratizado el acceso a quien tiene una cámara de cine (que ahora todos pueden poseer en su teléfono móvil), son pocos los que consiguen las becas necesarias para entrar en las escuelas de cine. Todo esto viene a cuento para hablar de la gran película de este Festival de Venecia (y aunque quedan varias jornadas es difícil que se encuentre una obra tan compleja e inteligente), Possible Love, del cineasta coreano Lee Chang-dong.
El director de títulos como Burning o Poetry —donde ya la clase social y los roces entre ellas estaban— era uno de los nombres más esperados de la Sección Oficial con su primera película en ocho años. La espera ha merecido la pena, Possible love es magistral. Una mirada incisiva, inteligente, llena de capas y detalles a cómo el cine vampiriza a la clase obrera para su propio beneficio: ya sean premios o limpiar la culpa.
Lo cuenta a través de las relaciones entre dos parejas. Una, de clase obrera, vive marcada por un despido masivo en una fábrica que ha hecho que el marido, sindicalista y apaleado en las manifestaciones para intentar detenerlas, caiga en el alcohol y la depresión. La otra, rica, está formada por un empresario que va de moderno y distinto, y una mujer que quiere rodar un documental sobre aquel despido masivo.
Esta directora quiere contar lo que les ocurrió, pero lo hace desde la condescendencia, desde las buenas intenciones de las que está plagada el infierno, y sin plantearse la gran pregunta: la moralidad de lo que cuenta y de cómo lo cuenta. Las relaciones entre los cuatro personajes irán rozando. Del roce se desprenderán primero pequeñas astillas en forma de dardos (¿cuánto cuesta la ropa de la directora mientras rueda a obreros en paro?) que terminarán formando un incendio cuando las dos parejas decidan pasar un fin de semana juntos en la lujosa casa de la playa de los ricos.
No hay discursos ampulosos, no hay frases de carpeta y taza de desayuno. Hay mucha verdad, mucha intención y una inteligencia y sensibilidad desbordante para saber mirar a estos cuatro personajes. No son personajes planos, sino a veces ambiguos y hasta contradictorios, y por tanto, reales. Algo que se ve en temas como el deseo (incluso sexual) que tiene la mujer obrera por el empresario o el complejo de clase y culpa por querer y hasta paladear lo que tienen los otros y ellos no han logrado a pesar de partirse el lomo.
ga neung han sa rang
Lee Chang- Dong construye, como en sus anteriores obras, su clímax final a fuego lento, poco a poco, dando espacio para que todo se construya de forma natur