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La juventud sin futuro de los noventa que retrató 'Sangre de barrio': "Pensábamos que estábamos marcados y condenados"

elDiario.es · hace 9 días
La reedición de la primera e icónica obra del dibujante Jaime Martín es casi un reportaje de los jóvenes de clase obrera en L'HospitaletEl asesinato del humorista Jaime Garzón retumba en la Colombia que vuelve a la ultraderecha

Apenas había cumplido veinte años cuando Jaime Martín (L’Hospitalet, 1966) empezó a dibujar lo que se convertiría en Sangre de barrio, su primera obra, la cual le consagraría como autor revelación en los premios del Saló del Còmic de Barcelona en 1990. La historia de unos chavales que transitan una adolescencia y primera juventud gris en un barrio donde las oportunidades no están ni se las buscan y el horizonte queda achatado por el paro, la violencia y las drogas. Chavales que viven en un ambiente marginal y de los que, a veces, la sociedad se ha olvidado. Chavales que se parecen mucho a los amigos y al entorno en el que se movía un Martín que comenzaba a dar sus primeros pasos como dibujante profesional. Un relato que, casi cuatro décadas después, sigue siendo un clásico de la historia reciente del cómic y que la editorial Norma ha reeditado y lanzado, de nuevo, a la mesa de novedades.

“No es una historia autobiográfica, aunque sí que está enmarcada en el barrio donde he vivido toda mi vida y en lo que tanto mis amigos, conocidos y yo hemos vivido”, admite Martín, en conversación con elDiario.es, rodeado de cómics en la madrileña librería Generación X. Así, Martín señala que, cuando decidió embarcarse en la creación de una historia que recogiera el testimonio de lo que era la vida en su barrio, sus amigos comenzaron a señalarle historias y anécdotas que fue apuntando en un cuaderno. Y de esas experiencias nació Vicen; un adolescente que acaba de mudarse con su hermana y su madre a L’Hospitalet y que vivirá sus primeros pasos en un mundo adulto, respirando lo bueno de un suburbio en el extrarradio y, sobre todo, lo malo.

“La sensación de rabia adolescente constante, que se ve sobre todo en la primera parte, la recuerdo perfectamente de uno de mis amigos, de Mario”, rememora Martín para añadir que, en aquel entonces, su colega empezó a trabajar en el camión de la basura. “Era un trabajo duro, que en su caso no estaba muy bien pagado, y recuerdo cómo, cuando estábamos por la ciudad y veía una terraza con niños pijos, se enfadaba mucho porque tenía esa rabia de clase acumulada dentro. Esa rabia que te sube al comparar lo fácil que lo pueden tener unos, mientras que otros…”, relata.
Los feos 80
La narración, que se construye sobre una ciudad fea, dura y que, prácticamente, estigmatiza y fagocita a la juventud que la habita, empujándola a vivir en los márgenes. “Todo lo que cuento está basado en la realidad, en las historias que veía en mi entorno”, insiste un Martín que, al asomarse de nuevo a Sangre de barrio, le ha sorprendido el lenguaje utilizado en el cómic. “Si lo escribiese ahora quizá fuese más comedido con algunas expresiones o comentarios peliagudos, pero es que es verdad que hablábamos así, que nos comportábamos así”, comparte el viñetista, también autor de trabajos como Jamás tendré 20 años, Las guerras silenciosas o Siempre tendremos 20 años.
































El dibujante Jaime Martín junto a la reedición de 'Sangre de barrio'



Martín también comenta que, ahora que ha surgido cierta romantización de los 80 debido al recuerdo de la explosión musical y cultural que se vivió como resultado de una España que se sacudía el yugo de la dictadura, tampoco hay que olvidar la miseria que aún se respiraba por muchas partes. “Había aspectos muy feos y estaba todo por construir, tanto en el sentido físico como el psicológico”, opina el artista, que señala que “en un mundo en el que estaba todo por hacer”, el cambio de paradigma, la aparente libertad repentina, era algo difícil de gestionar.

“En nuestro caso concreto, llamábamos ‘ciudad sin ley’ a L’Hospitalet. Era sinónimo de delincuencia juvenil, era lo peor, y cuando decías que eras de
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