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Juicio histórico: reconocimiento judicial para el espía de la CIA y militante del PNV 'Turuta', torturado por el franquismo

elDiario.es · hace 9 días
Un juzgado de Donostia, el 27 de octubre, emitirá una "declaración de hechos pasados" sobre un caso sin recorrido en lo penal por estar muertos todos los responsables del maltrato al agente Txomin Letamendi, fallecido en 1950De espía vasco en la CIA a torturado por el franquismo: una familia busca justicia 75 años después para el agente Turuta

El 27 de octubre, a las 10.45 horas, un juzgado de lo civil del Tribunal de Instancia de Donostia acogerá un juicio histórico, en todos los sentidos de la palabra. Nadie se sentará en el banquillo de los acusados, porque los responsables de los hechos llevan largo tiempo fallecidos, pero la familia de Txomin Letamendi, militante del PNV y espía que colaboró con la CIA (entonces conocida como OSS) en el contexto de la II Guerra Mundial, torturado por el franquismo y que falleció en 1950, podrá obtener una “declaración de hechos pasados” que acredite cómo vivió y, sobre todo, cómo murió el agente conocido como 'Turuta', por ser también músico.

Aunque inicialmente la vista se había fijado para comienzos de octubre, fuentes judiciales indican que, por cuestiones de agenda, será a finales de ese mes cuando se celebre un acto con muy pocos precedentes y que es una posibilidad abierta por la normativa estatal de memoria democrática de 2022, que reformó la ley española de jurisdicción voluntaria de 2015. Las condiciones establecidas para que alguien pueda lograr de un juzgado esta “declaración de hechos pasados” pasan por que el asunto sea “posible y lícito”, por que haya un “principio de prueba” de que lo que se pretende certificar es cierto y por que no haya ningún otro proceso judicial paralelo en marcha.

En 2025, coincidiendo con el septuagésimo quinto aniversario de la muerte de 'Turuta', además de estrenarse una película en el Zinemaldia donostiarra, la familia intentó abrir una causa penal contra los responsables de las torturas a Letamendi. Según consta en la memoria de la Fiscalía, la instructora Silvia Villanueva abrió unas diligencias, con código 53/2025, por un presunto delito de “lesa humanidad y torturas”, pero se acordó el archivo por imposibilidad de procesar a los presuntos responsables de los hechos. Sin embargo, la Fiscalía abrió otra actuación, en este caso la 74/2025, para derivar el asunto a la vía civil y buscar el resarcimiento con la fórmula habilitada en 2022. Hizo lo mismo la familia. La magistrada de lo civil responsable ahora del expediente se llama Beatriz Hilinger.

Sobre su mesa está, en esencia, la misma documentación ya conocida sobre 'Turuta'. Se habla del contexto histórico, de una Guerra Civil ganada por los franquistas con apoyo de la Alemania nazi y de la Italia fascista, de la creación del Servicio Vasco de Información (SVI, la agencia de espionaje e inteligencia del primer Gobierno de Euzkadi) y de que 'Turuta' fue uno de los hombres que se puso al servicio del lehendakari, José Antonio de Aguirre, como agente. Vivió un primer exilio en París y, tras la ocupación, pasó a América, a Venezuela.

En América, en este caso en Estados Unidos, Aguirre puso el SVI al servicio de la recién creada CIA, entonces denominada Office of Strategic Services, y de la rama de inteligencia del FBI. Colaboraban también con otras agencias extranjeras, particularmente británicas. Su tesis (luego desmontada por la vía de los hechos) era que una caída de Adolf Hitler y de Benito Mussolini haría también hundirse a Francisco Franco y puso todo su empeño en colaborar con los aliados para que ganaran la II Guerra Mundial.

Un informe de la CIA titulado “Mission Letamendi” explica el regreso a España del espía. Fue a finales de 1942. Aparentemente, Aguirre le invitó a volver al interior. Necesitaba agentes sobre el terreno ante lo que intuía (equivocadamente) como la caída del franquismo. El propio viaje, en el buque Buena Esperanza, fue una misión confidencial para la CIA ya que en él iba también el getxotarra José Antonio de Sangróniz, embajador español en Venezuela. La tapadera de músico permitía al espía hacerse pasar como un inocente vasco apolítico que recorría el mundo y que era amigo de las hijas del diplomático.
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