Ignacio Ozores, 26 años, el cura más joven de Madrid: «Entré al seminario a los 18 años. Mi vocación sacerdotal apareció con mucha más intensidad en bachillerato»
ABC España — Sucesos · hace 1 h
A sus 26 años, Ignacio Ozores Puig , fue el sacerdote más joven en participar en la Asamblea Presbiteral CONVIVIUM , que se celebró en febrero en Madrid reuniendo a sacerdotes de distintas edades y trayectorias. Antes del evento, Ozores defendía lo que pueden aportar las nuevas generaciones a la Iglesia: «Yo creo que las generaciones más jóvenes de sacerdotes, por lo que puedo experimentar, venimos con muchísima ilusión , con un deseo muy grande de entregarlo todo, de no guardarnos nada». Esto, sumado a lo que se puede aprender de los experimentados, puede crear, desde su punto de vista, una comunión perfecta. Él mismo lo comprueba cada día en la parroquia del Espíritu Santo y Nuestra Señora de la Araucana donde convive con su párroco, Ignacio Loriga , con 25 años de ministerio, y con José Ignacio Pacheco , que a sus 85 años sigue celebrando, confesando y acompañando a la comunidad. «Es una preciosidad, es un regalo enorme poder ver cómo se desenvuelve en el ministerio después de tantísimos años», explica en un vídeo difundido por la Archidiócesis de Madrid. La infancia de Ozores fue similar a la de otros niños. «Nací en Barcelona y soy el segundo de cuatro hermanos. Durante años mis únicas motivaciones han sido siempre la familia , los amigos y cómo no, el fútbol », relató hace unos años en COPE. Sin embargo, una mudanza inesperada a miles de kilómetros de casa y una etapa de incertidumbre abrieron paso a una pregunta que cambiaría su vida: «La cosa se empezó a 'complicar' cuando a finales de primero de bachillerato mis padres nos plantearon el tema de mudarnos a Lima, Perú . Fue en esta última etapa escolar donde el tema de la vocación sacerdotal empezó a aparecer con mucha más intensidad». En aquel momento, su vida tal y como la conoció durante 17 años cambió radicalmente: «El aterrizaje en la capital peruana fue ante todo costoso, y no tuve más remedio que pasar por primera vez horas frente al sagrario, intentando buscar un sentido al aparente abandono de todo lo vivido anteriormente. Todos los efímeros 'planes de futuro' se venían abajo , presentándome una realidad totalmente distinta a la que estaba acostumbrado». Tras unos primeros meses complicados, la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia supuso para él un punto de inflexión. «Fue un aliciente para volver apasionado a esa realidad a la que tanto me costaba hacer frente», apostilló. «Fueron meses donde empecé a vislumbrar lo que realmente significa llevar una vida cristiana y poco tenía que ver con los esquemas y pautas a los que estaba acostumbrado. Empecé a compaginar el poder disfrutar de un viernes por la noche y a la vez que todo eso cobrara sentido en una vida profundamente cristiana», añadió. Su proceso desembocó en la decisión que marcó su futuro y que él resumió de esta forma: «Creo que todos hemos tenido la experiencia de estar enamorados y llegar a hacer verdaderas locuras por la otra persona. Esta es mi locura, el seminario a los 18 años ». Para Ignacio, esto no suponía renunciar a nada, sino encontrar un sentido diferente a aquello que ya formaba parte de su vida. «Entendí y pude comprobar cómo una relación real con Jesucristo no me privaba de poder vivir y disfrutar, todo lo contrario, ¡todo lo que vivía y disfrutaba empezaba a tener un verdadero sentido! «Este proceso de ruptura y contraste me llevó finalmente a darle un costoso 'sí' a esa persona que me apasionaba desde hacía meses, esa persona que me comprometía con lo que tenía alrededor y que simplemente me transmitía eso: vida », señaló. «Encontrarme con esa persona viva realmente en la Eucaristía y en cada una de las personas con las que me he encontrado a lo largo de los años, ha supuesto desear realmente entregarme de manera completa y única », reflexionó sobre su nueva etapa. «Echando la vista atrás, veo cómo el Señor tiene sus planes y me hace gracia comprobar cómo el alejarme de lo que yo consideraba vida suponía empezar a vivir de verdad», concluyó.