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La IA se ha caído de un guindo

elDiario.es · hace 8 días
La industria de la IA no ha descubierto ahora sus propios riesgos: los conocía desde hace
años, y llevaba ese mismo tiempo evitando su supervisión
Este fin de semana, la industria tecnológica se ha caído de un guindo. Ha protagonizado un giro que en la prensa se ha presentado como un despertar de conciencia: los máximos responsables de las grandes compañías de inteligencia artificial han pedido, casi al unísono, frenar el ritmo de desarrollo de sus propios productos. Desde la Casa Blanca, la respuesta ha sido tajante y muy en línea con la lógica de la Guerra Fría actualizada: quien gane la supremacía en inteligencia artificial, gana la supremacía geopolítica; nada de frenazos.

El relato que se ha instalado es el de una industria que, tras años de avanzar sin mirar atrás, descubre de golpe sus propios riesgos y decide, generosamente, pedir que alguien la regule. Es un relato atractivo. Conviene matizarlo bastante, porque llevamos años advirtiendo de estos riesgos desde entornos muy concretos —agencias, leyes, informes científicos internacionales— y España, de hecho, estuvo en primera línea de ese esfuerzo. Que ahora se presente como una revelación de última hora resulta, cuando menos, llamativo.

Esto no es nuevo. En diciembre de 2023, bajo presidencia española de la Unión Europea, se cerró el acuerdo sobre la ley europea de inteligencia artificial, la primera norma integral del mundo sobre esta tecnología. España, además, ya había creado meses antes su propia agencia de supervisión, la AESIA, siendo el primer país de la UE en dotarse de un organismo nacional de supervisión, encargado de vigilar el despliegue en territorio español de los sistemas de IA de alto riesgo: los que deciden sobre selección de personal, acceso a créditos o procedimientos judiciales. Para los modelos de frontera —los grandes modelos horizontales de propósito general de los que precisamente se habla estos días— la competencia es otra: corresponde a la Oficina Europea de IA, un organismo de la Comisión que desde agosto de 2025 exige a sus fabricantes documentación técnica, políticas de derechos de autor y transparencia sobre los datos de entrenamiento. Es decir, que el organismo europeo que debe supervisar exactamente aquello que ahora preocupa a la industria existe, y lleva más de un año funcionando.

Por otro lado, el mes de octubre de 2023, en Estados Unidos, la Administración Biden firmó su propia orden ejecutiva sobre seguridad de la inteligencia artificial, que obligaba a los grandes desarrolladores a compartir con el Gobierno los resultados de sus pruebas de seguridad. La Administración Trump la derogó en enero de 2025. Un mes después de aquella orden, en noviembre de 2023, la cumbre de Bletchley Park cerca de Londres puso en marcha los primeros Institutos de Seguridad de la IA, el británico y el estadounidense, que dieron origen a una red internacional que llegó a reunir a una decena de organismos equivalentes en todo el mundo —Japón, Corea del Sur, Canadá, Singapur o la propia Unión Europea, entre otros—, dedicados a evaluar de forma independiente los modelos más avanzados antes de su lanzamiento comercial. Esa red sigue funcionando, pero uno de sus pilares se ha vaciado por el camino: en junio de 2025, la Administración estadounidense cesó a su directora. y cambió el nombre de su Instituto de Seguridad de la IA, que pasó a llamarse Centro para los Estándares y la Innovación en IA, eliminando deliberadamente la palabra “seguridad” de su denominación y reorientando su misión desde la evaluación de riesgos hacia la competitividad tecnológica.

Pero el actor que no se ha nombrado en todo este debate es Naciones Unidas. En agosto de 2025, la Asamblea General creó dos mecanismos complementarios. El primero es el Panel Científico Internacional Independiente sobre IA, el primer organismo científico de la ONU dedicado en exclusiva a esta tecnología, con cuarenta expertos - uno español- elegidos entre más de 2.600 candidaturas de 140 países y copresidido por el profesor Yoshua Bengio — premio Turing 2018— y la periodista y premio Nobel de la Paz Maria Ressa. En abril de este año celebró en Madrid, acogido por el Gobierno español, su primera reunión presencial, y el 1 de julio publicó su primer informe, con una advertencia central: los mecanismos de seguridad no evolucionan al mismo ritmo que la capacidad de los modelos. El segundo es el Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA, que celebró su primera sesión en Ginebra el 6 y 7 de julio: el primer foro multilateral bajo mandato de la Asamblea General donde los Estados y el resto de actores se sientan a debatir estándares comunes técnicos y de gobernanza a escala internacional.

Merece la pena detenerse en esto, porque cuando desde el sector se propone ahora una coordinación entre “países democráticos” para fijar reglas comunes frente a China, lo que en realidad se está planteando es duplicar —en formato de bloque, y co
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