Hasbro pide perdón 40 años después por matar a Optimus Prime
3DJuegos · hace 16 días
No soy un tipo especialmente rencoroso, pero hay una cosa que llevo 40 años sin perdonarle a la televisión de este país: a alguien de la cadena de turno le pareció una idea la mar de brillante que los dibujos animados de Transformers empezaran a las ocho y media de la mañana, o sea, apenas media hora antes de que los que entrábamos a clase a las nueve tuviéramos que salir por la puerta. Recuerdo la frustración con una nitidez que ya quisieran para sí lo que me enseñan en el cole. Un auténtico drama doméstico matinal que compartíamos algunos compis de clase y que a día de hoy sigo sin entender. Lo que sí, sigue doliendo. Yo quería ver Transformers, ¿sabéis? Los Transformers molan. El caso es que, gracias a que yo vivía muy cerca del cole al menos me daba tiempo para ver el arranque con la mochila puesta, aquel opening legendario con ese musicote ochentero con voces robóticas, el primer plano de Optimus saltando a la batalla, y salir corriendo. Si se entraba a las nueve, ¿cómo demonios podía empezar Transformers a las ocho y media? ¿Quién se quedaba a ver Transformers en la tele de la cocina, mi abuela? Sigue sin entrarme en la cabeza….
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Nadie al volante. Esa fue siempre mi conclusión sobre la parrilla infantil de aquellos años, y con el tiempo he descubierto que la frase describe bastante bien otras dos cosas de esta historia. Describe, literalmente, el hallazgo del que nació la franquicia entera, porque el gran invento de Transformers consistió precisamente en desmantelar otros juguetes. Y describe lo que ocurrió el día que en un despacho decidieron matar a Optimus Prime sin tener ni idea de lo que estaban haciendo a lo niños. Cuarenta años después, esa decisión sigue pasando factura a muchos fans. Vamos por partes.
Antes de ser una mitología, Transformers eran dos juguetes japoneses diferentesEl origen de todo esto no está en ninguna sala de guionistas ni en ningún cuaderno de notas de un creador visionario, sino en el stand de Takara de la Feria del Juguete de Tokio de 1983. Allí había dos líneas de juguetes que llevaban un tiempo funcionando en Japón, Diaclone y Micro Change, que resolvían la misma idea por caminos distintos. Diaclone eran vehículos que se convertían en robots y que venían con figuritas humanas de dos centímetros que se sentaban dentro. Micro Change iba por el lado de los objetos cotidianos que se transformaban, un casete, una pistola, una lupa. Buena parte de aquellos diseños salieron de la cabeza de Shoji Kawamori, el mismo hombre que había creado el legendario anime Macross (Robotech en España).
Hasbro compró los derechos para Occidente de las dos marcas, las juntó y se inventó toda una marca, aunque en su momento debió de parecerles un ajuste de producto sin mayor trascendencia. Quitaron a los pilotos. Los robots dejaron de ser máquinas conducidas por alguien y pasaron a estar vivos, a tener personalidad, bandos, rencillas y una guerra estelar propia de millones de años. Habían nacido los Transformers y con ellos Hasbro pegó un pelotazo increíble en el mercado juguetero occidental.
Marvel escribió la biblia de los Autobots a contrarrelojCon los moldes ya comprados y los pilotos fuera, a Hasbro le faltaba lo esencial, que era saber quiénes eran aquellos cacharros y cómo venderlos a los niños. Star Wars y Masters del Universo habían demostrado que los juguetes vendían mucho más si venían arropados de un contexto narrativo. Y para eso llamaron a Marvel, donde Jim Shooter, entonces editor jefe, escribió el marco general del que sale todo lo que sabemos de Transformers: dos facciones de robots alienígenas en guerra, los heroicos Autobots y los malvados Decepticons.
El encargo de dar nombre y personalidad a las criaturas recayó primero en Dennis O'Neil, el hombre que le devolvió la seriedad a Batman en los 70, y aunque a Shooter no le convenció el conjunto de su trabajo, de ahí salió el nombre que aún hoy sostiene la franquicia: Optimus Prime. El relevo de guionista lo cogió Bob Budiansky, que se sentó a escribir las biografías de los personajes uno por uno, con sus manías, sus miedos y sus frases características. Ahí está el trabajo invisible que explica por qué esto sigue en pie cuatro décadas después y por qué otras franquicias jugueteras de la misma cosecha se quedaron por el camino: el carisma.
La serie de dibujos llegó el 17 de septiembre de 1984 con la miniserie de tres capítulos More Than Meets the Eye, producida por Sunbow y Marvel Productions y animada en Japón por Toei, con refuerzos posteriores del estudio coreano AKOM. Duró cuatro temporadas y 98 episodios hasta noviembre de 1987. Los guiones eran irregulares, la animación tenía días buenos y días muy malos, y aun así aquello funcionó de una manera que nadie había previsto.