"La guerra nos está matando": la historia de los sudaneses que esperan asilo en Ceuta y que no pueden volver
elDiario.es · hace 1 días
Los hombres retenidos en la ciudad autónoma pasan su tiempo entre clases de español, trámites administrativos, la añoranza de los seres queridos y el anhelo por permanecer en España y trabajar por un futuro mejor“Solo necesitamos una oportunidad”: el camino a Ceuta de Mohamed y cientos de sudaneses desde la peor crisis humanitaria del mundo
Son las 10 de la mañana cuando Mohammed Hassan sale del campamento habilitado en Loma Colmenar para personas migrantes con un taco de folios en la mano. Lo sujeta con fuerza mientras recorre las calles de la zona y de la barriada de El Príncipe. Los papeles esconden y relatan un mes de trámites en búsqueda de la protección internacional como refugiado sudanés.
La historia de Mohammed Hassan se repite entre otros testimonios de sudaneses en diferentes puntos de la ciudad ceutí. Mohammed Saad, procedente de Darfur, pasó alrededor de 19 días durmiendo en la playa antes de ser trasladado al centro temporal habilitado en Loma Margarita, gestionado por la ONG Accem, y donde actualmente residen alrededor de 1.100 personas de origen subsahariano. Cuenta que allí tiene, por primera vez desde que llegó, comida, un lugar donde dormir y acceso a algunas actividades, entre ellas clases de español. “Mira, mira: hoy es sábado”, dice en español mientras enseña sus notas. Saad ya ha realizado la entrevista correspondiente a su solicitud de protección internacional y ahora espera los siguientes pasos.
Otro Mohammed, originario de Soba, al sur de Jartum, también pasó sus primeros días en Ceuta durmiendo al aire libre. Alternó la playa, el bosque y otros espacios a la intemperie. Describe esos días con solo una palabra: “Duros”. Habla del frío, de la dificultad para dormir, del miedo, las pesadillas y de dedicar una parte del día simplemente a buscar algo que comer. En su caso, la espera administrativa ni siquiera ha comenzado. Todavía ansía iniciar el procedimiento de asilo.
Las situaciones se repiten con matices entre quienes entraron junto a más de 70.000 personas el pasado 30 de julio hacia Ceuta. Abdul Jabbar, procedente de Darfur, tampoco ha empezado los trámites. Maavi Khalid, de Omdurman, sí ha iniciado el proceso y espera una nueva citación para continuarlo.
La libreta donde Mohammed Hassan apunta el vocabulario en español.
Mohammed Hassan, el joven que todavía sujeta sus folios con fuerza, va un paso por adelante. Abogado sudanés especializado en Derecho Internacional y Derechos Humanos, cuenta que la Policía le tomó las huellas 10 días después de su entrada hace ya un mes. Una intérprete de árabe le permitió explicar por qué estaba allí y qué solicitaba: protección internacional en España.
La llegada a territorio español no supuso para muchos de ellos el final inmediato de las condiciones que habían padecido durante el camino desde Sudán hasta Marruecos y ahora hasta España. Mohammed Hassan recuerda con crudeza los primeros días en los alrededores del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes): “Tenía fiebre y problemas en las piernas. Un policía pidió una ambulancia para que recibiera asistencia médica, pero un vigilante de seguridad me impidió acceder al centro sanitario al que iba a ser trasladado”.
Según su relato, al comprobar que todavía tenía espasmos de fiebre, lo volvió a intentar. “El vigilante no solo me lo impidió, sino que, además, una tarde mientras descansaba se acercó y me habló agresivamente en español. Yo no entiendo el idioma, pero el tono lo comprendí. Quería que me fuera de allí”, cuenta a elDiario.es. Finalmente, recibió ayuda de varias personas vinculadas a organizaciones que entregan ayuda humanitaria a personas migrantes y consiguió la medicación que necesitaba.
Las historias y experiencias son distintas, pero todo se encuentran sometidos a la misma lógica: esperar. Esperar a una primera cita, esperar una entrevista, a que les llamen