Los genios de "lápiz y papel" contra la máquina insaciable: cómo la IA ha cambiado el significado de "ser científico"
elDiario.es · hace 11 días
El anuncio de OpenAI de la resolución de uno de los problemas más difíciles de las matemáticas ha puesto en guardia a muchos especialistas: esta carrera tecnológica podría estar dañando la propia forma de producir el conocimiento científicoHemeroteca - Una guerra entre IAs amenaza la gloria de dos matemáticos españoles
La velocidad a la que las compañías de inteligencia artificial (IA) están resolviendo algunos de los problemas más difíciles de las matemáticas produce asombro y preocupación al mismo tiempo. El anuncio de OpenAI de que ha encontrado una solución al problema de Navier-Stokes, uno de los seis 'Problemas del Milenio', ha disparado el nerviosismo y los rumores entre la comunidad matemática. En redes se habla de que la misma empresa y su competidor, Anthropic, están a punto de resolver otros retos. Como precedente, en mayo, un chatbot de OpenAI refutó una conjetura de hace 80 años del matemático húngaro Paul Erdős.
Todas estas hazañas, incluida la de Navier-Stokes, están pendientes de verificación. La última vez —y por ahora la única— que se resolvió uno de los 'Problemas del Milenio', lo logró un ser humano al que rodea un halo de genialidad. Entre 2002 y 2003, el matemático ruso Grigori Perelman demostró la Conjetura de Poincaré, tras trabajar durante años en la más estricta soledad. En contraste, OpenAI desplegó 10.000 agentes de inteligencia artificial que intercambiaron 2,7 millones de mensajes. Solo necesitó 88 horas, pero gastó varios millones de dólares.
Perelman renunció a la Medalla Fields y el suculento premio en metálico del Instituto Clay porque prefería atribuir el mérito a sus predecesores; la compañía tecnológica, en cambio, precipitó sus resultados para adelantarse e invisibilizar el trabajo de la competencia y de los dos matemáticos españoles que llevaban tiempo avanzando en el problema.
“Yo tengo a Luis”
“Nosotros no usamos IA; lo nuestro es lápiz y papel”, confesaba en la noche del martes el matemático español Diego Córdoba (ICMAT) a elDiario.es. Él y su colaborador, Luis Martínez-Zoroa (CUNEF), siguen la vieja escuela de Perelman del trabajo a mano, pero son conscientes de que son una rareza en su disciplina y de que el mundo ha cambiado en los últimos tres años. “Cuando me preguntan: Tú que trabajas compitiendo con los de ChatGPT, con OpenAI, con Claude, ¿qué tienes? Yo les digo: yo tengo a Luis”, bromea.
Los matemáticos españoles Luis Martínez-Zoroa y Diego Córdoba.
Ante el escándalo de este ninguneo, OpenAI introdujo una referencia, a posteriori, a los trabajos de los españoles en sus resultados, pero su anuncio no ha disparado las alarmas por este gesto ni porque las máquinas hayan superado a los humanos, como en el mítico duelo Kaspárov-Deep Blue. El verdadero problema es que las compañías han entrado en una carrera en la que todo vale y con posibles efectos perniciosos: se pusieron a trabajar a toda velocidad cuando supieron que la competencia estaba cerca de solucionar el problema y existe la sospecha de que usaron la información que el otro equipo de matemáticos introdujo en su herramienta de IA para avanzar.
Terence Tao, uno de esos seres humanos excepcionales capaces de romper las barreras de las matemáticas, lo expresaba esta semana con gran claridad en New Scientist: “Así no es como se supone que debe funcionar la ciencia”.
El matemático Terence Tao, ganador de la Medalla Fields, lo expresaba con gran claridad: “Así no es como se supone que debe funcionar la ciencia”
Para Tao, la forma en que se anuncian estos hallazgos y se “vuelcan” sobre la comunidad matemática podría perjudicar a este campo. En su opinión, se trata de una carrera que no beneficia a nadie (excepto a los departamentos de marketing de las empresas de IA), y produce un atasco, ya que no hay tiempo para absorber los resultados, comprenderlos plenamente y enseñarlos a los estudiante