Gabriel Rufián, 44 años, sobre su infancia en la Barcelona de los 80: «Recuerdo las jeringuillas por la calle y ver a compañeros de mi padre en circunstancias muy dolorosas»
ABC España — Sucesos · hace 1 h
Gabriel Rufián puede esperar lo mejor de su candidatura para las elecciones generales del 29 de noviembre. El cabeza de lista de Esquerra Republicana de Catalunya tiene asegurado su asiento en el Congreso, según las últimas encuestas , que calculan que ERC obtendrá 10 escaños. El pronóstico de su partido es positivo y le coloca como uno de los líderes de la oposición en la próxima legislatura . A menos de 50 días para que se celebre el 29N, el político de 44 años es una de las figuras más seguidas por los medios y las redes sociales. Crece el interés por otras facetas de su figura, más allá de su trayectoria como diputado y su colaboración con el independentismo catalán. Así, en ABC hemos compartido detalles sobre la empresa familiar que regentaron sus padres en el barrio y sobre su vida actual como padre de familia en Madrid . Ahora vive junto a su esposa, Marta Pagola, y su segundo hijo, de dos años. Tiene otro hijo, de 16 años, nacido de una relación anterior, que vive con su madre, la exmujer del político, en Barcelona. Su infancia fue el marco en el que surgió su actual interés por los asuntos públicos. En ella se descubre el origen de sus ideas políticas sobre la lengua y la inmigración. Él mismo lo compartió en unas declaraciones que dio a ' La Vanguardia ' en 2015. Rufián nació el 8 de febrero de 1982 . Los primeros años de su vida estuvieron condicionados por los cambios sociales de la Barcelona de los años 80. El consumo de heronína protagonizaba las calles y dentro del colegio se vivía la entrada del catalán a las aulas. En concreto, lo vivió en su barrio, Santa Coloma de Gramanet . En aquella entrevista recordaba de forma nítida que tenía muchos compañeros inmigrantes en la escuela. «Muchos, pero sin esa conciencia porque todos lo éramos: hijos y nietos de andaluces, de gallegos, de murcianos, madrileños...», declaró. Aprendió a ver el mundo de la mano de inmigrantes e hijos de inmigrantes de otras zonas de España y del extranjero, provenientes de Marruecos, India, Pakistán, Sudamérica. Cada día, cuando terminaban las clases y Gabriel volvía a casa, se cruzaba en la calle con la dureza de la droga. «Recuerdo los sorteos de jeringuillas por la calle y ver a compañeros de escuela de mi padre en circunstancias muy dolorosas». A pesar de esa anécdota, insistió en que su infancia «fue muy feliz». El paso al instituto fue «un choque». El joven se cambió de centro y de barrio, a Badalona, para estudiar el COU, descubriendo un nuevo tipo de compañeros. «Muchos de nosotros pasamos de un barrio con una idiosincrasia muy determinada a un colegio de Badalona, y por primera vez conocimos a gente que hablaba y sentía en catalán y que venían de circunstancias sociales muy diferentes de las nuestras», reconoció. Descubrió que había «gente con ocho apellidos catalanes y que ni siquiera sabían que había catalanes oriundos de otros lugares», como lo era él, que tenía abuelos de Granada y Jaén. «Fue una confrontación de culturas y de orígenes, pero nos enriqueció a todos». En esos años también experimentó «la normalización lingüística». En 1983 se aprobó la Ley de Normalización Lingüística, por la que el catalán entró de forma oficial y generalizada en el sistema educativo de Cataluña y empezó a educar a los niños en el bilingüismo. «Lo vivíamos como un idioma académico, no hablábamos entre nosotros en catalán».