Fiscalía investiga malos tratos en centro de menores migrantes
elDiario.es · hace 8 h
Un informe puso este jueves en conocimiento de la Fiscalía de Menores posibles episodios reiterados de violencia física y psicológica, castigos, amenazas, insultos y problemas de acceso a atención sanitaria en un centro de menores tuteladas de la ciudad autónoma: "A muchas las pegan muchísimo, muchísimo"Cientos de menores migrantes siguen por las calles del Príncipe sin acogida: “Están durmiendo a la intemperie”
En las naves del Tarajal, que alojan a decenas de niñas y adolescentes que entraron en Ceuta a finales de julio, Hasna (nombre ficticio) cuenta que se estaba preparando para dormir cuando se dio cuenta de que le faltaba su almohada. Preguntó por ella. La respuesta, según detalla la joven a este medio y ha plasmado en una denuncia, fue que la menor estaba castigada. “¿Por qué?”, preguntó. Nadie se lo explicó y solamente permaneció de pie mientras una trabajadora se dirigía hacia ella de forma agresiva. Después, asegura, comenzó la violencia: “Me empezó a golpear en el pecho, una y otra vez”, recoge un informe que ha sido presentado a la Fiscalía, tras lo que el Ministerio Público ha decidido abrir una investigación, según han confirmado elDiario.es fuentes próximas al departamento de menores de la ciudad autónoma.
Este jueves, 17 de septiembre, un informe puso en conocimiento de la Fiscalía de Menores posibles episodios reiterados de violencia física y psicológica, castigos, amenazas, insultos y problemas de acceso a atención sanitaria. Entre las palabras que se repiten en los testimonios hay una especialmente recurrente: “puta”. Una de las jóvenes cuenta que las despertaban entre gritos de “putas” o “todas las putas de la calle nos las han juntado aquí”. Otra asegura que los insultos se repetían incluso a la hora de dormir. La denuncia no convierte esos relatos en hechos probados y será la investigación la que tenga que determinar qué ocurrió dentro de los centros y las posibles responsabilidades.
Hasna relata que terminó en el suelo, dolorida, mientras las demás chicas, sus compañeras de la nave, trataban de acercarse para socorrerla. No pudieron hacerlo. “La persona que me estaba agrediendo les decía: ‘No os acerquéis a ella’”, explica. Permaneció en el suelo, rodeada de sus compañeras, pero sin que ninguna pudiera ayudarla. Después, según su testimonio, hubo nuevos golpes. “Ya no era consciente de mí misma. Perdí la noción de lo que estaba pasando”. Hasna todavía sigue dentro de ese centro y, pese a asegurar haber sufrido esta agresión, no ha presentado denuncia.
El recurso en el que permanece Hasna es una de las dos instalaciones contiguas habilitadas en el Polígono de las Naves del Tarajal para alojar a las menores extranjeras no acompañadas que llegaron a Ceuta a finales de julio. Una de ellas está gestionada por SAMU y la otra por Engloba, mientras que la tutela de las adolescentes corresponde a la Ciudad Autónoma de Ceuta. Muchas habían pasado previamente más de un mes en asentamientos informales, entre ellos los de El Príncipe y Sidi Embarek, antes de ser trasladadas a estos recursos a principios de septiembre.
Su relato coincide con los testimonios recopilados en torno a la situación de las niñas y adolescentes marroquíes no acompañadas alojadas en las naves del Tarajal en Ceuta.
En el caso de Hasna, la supuesta agresión no es el único episodio que relata desde dentro. La joven asegura que después de lo ocurrido, intentó pedir auxilio a los responsables del centro. “Les dije que me habían pegado, pero no quisieron escucharme”, explica. Según Hasna, una responsable le respondió: “¿Estás loca? Esto es Europa, no puedes venir aquí a montar problemas”.
La dificultad para contar lo que ocurre dentro de los centros aparece una y otra vez en los relatos de las jóvenes, tanto de las denunciantes como de las que continúan dentro del recinto tutelado. Los teléfonos, especialmente, ocupan un lugar central. Para muchas de ellas son la única vía inmediata para hablar con sus familias, explicar dónde están o pedir ayuda fuera del centro. Una de las denunciantes, Firdaus (nombre ficticio) asegura que tenían acceso a ellos durante periodos muy reducidos. “No nos dejan los teléfonos para no grabar la humillación, la injusticia y la violencia que sufrimos”, afirma. Según su testimonio, en ocasiones disponían del móvil apenas media hora cada varios días. Cuenta también que vio cómo un miembro del personal empujaba a otra joven al suelo después de que esta reclamara que le devolvieran el suyo.
Pero el temor que describen las menores no se limita a quedarse sin teléfono. Otra de las denunciantes asegura que se utilizaba su situación administrativa como instrumento de presión y coerción. La joven relata que, cuando intentaban protestar, recibían una advertencia: “Si habláis os vamos a llevar a Marruecos”. Otra sostiene que las amenazaban con no cumplimentar correctamente su documentación si no obedecían. Prec