El 17 de julio de 1976, un chico de quince años se vino de Salamanca a Madrid para ver de qué iba esto de la capital. Era verano, así que dejó sus cosas en el colegio Calasancio, donde construía su vida lejos de su pueblo natal del norte de Cáceres. Lo que no sabía todavía es que Madrid no le dejaría marcharse así, sin más. Gracias a eso, la ciudad tuvo la suerte de quedarse con Filo y dejarse hacer un poco a su manera. A Filo lo que le gustaba era el fútbol. Por un instante estuvo cerca de jugar en el Castilla, pero Rodrigo García, fundador de la meca de la buena mesa que es Rafa, junto a... Ver Más