De fabricar skimmers a combatir el fraude: el cubano que convirtió su pasado en una herramienta contra el crimen
Telemundo 51 — Miami · hace 1 h
A los 16 años, Michael Pérez comenzó a delinquir. Décadas después, el mismo conocimiento que alguna vez utilizó para cometer fraudes, se convirtió en una herramienta para ayudar a las autoridades a combatirlos.
Hoy, este joven cubano trabaja junto a agencias policiales locales y federales, incluido el Servicio Secreto de Estados Unidos, para detectar los llamados skimmers, dispositivos capaces de robar en segundos la información de tarjetas bancarias.
Pero para llegar hasta aquí tuvo que pasar por las consecuencias de sus propias decisiones.
“Yo empecé mi vida criminal cuando tenía 16 años, vendiendo marihuana”, recuerda Pérez.
Después vino el fraude de Medicare y una condena que lo llevó a prisión. Al recuperar su libertad, abrió un negocio de reparación de teléfonos. Tenía habilidad para la tecnología, pero seguía buscando una manera de conseguir dinero rápido.
Fue entonces cuando alguien le habló de los skimmers.
“Una persona que conocía me dijo: si quieres hacer dinero, hay esto que se llama skimmer”, cuenta.
Pérez comenzó a fabricar e instalar estos dispositivos en diferentes puntos del país. Con la información bancaria robada, podía retirar dinero de cajeros automáticos. Su operación llegó incluso a Hialeah, donde creó un laboratorio para fabricar tarjetas utilizadas en los fraudes.
Durante un tiempo, consiguió mantenerse fuera del radar de las autoridades.
Hasta que un día fueron directamente por él.
“El Servicio Secreto con Miami-Dade se apareció en mi casa y me metieron preso”, recuerda.
Pasó casi cuatro años en prisión. Pero más allá de la condena, hubo otra consecuencia que, según cuenta, le dolió todavía más: haber decepcionado a su familia.
“Me dio vergüenza, me puse triste porque lo lastimé… le falté la confianza de ellos”, dice.
Su suegro, quien fue una figura paterna para él y que había pasado 18 años como preso político en Cuba, le dejó una frase que se convertiría en una especie de brújula para su nueva vida:
“No vale la pena un dólar por un día en la prisión.”
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Cuando Pérez se entregó a las autoridades, uno de los agentes del Servicio Secreto vio algo que podía ser más valioso que su condena: el conocimiento que tenía sobre cómo funcionaba el fraude desde adentro.
En lugar de limitarse a castigarlo, el agente le propuso utilizar esa experiencia para educar a otros.
“Creo que tú puedes ser mejor si nos educas en vez de echar gente pa’ lante”, recuerda Pérez que le dijo.
Así comenzó una segunda etapa de su vida.
Pérez empezó a viajar por el país para hablar con policías y agentes federales. Les explicaba cómo funcionaban las operaciones de fraude, dónde escondían los dispositivos, cómo los instalaban y qué métodos utilizaban los delincuentes para evitar ser descubiertos.
La experiencia que antes empleaba para burlar a las autoridades comenzó a utilizarla para ayudar a las autoridades.
Pero Pérez quería ir un paso más allá.
Si había aprendido a esconder los skimmers, pensó, también podía ayudar a crear una tecnología para encontrarlos.
Así nació Skim Buster, una herramienta diseñada para facilitar la detección de estos dispositivos.
El impacto, según agentes que la han utilizado, ha sido significativo.
“Con la invención que hizo él ha hecho el trabajo de nosotros más fácil. Lo que antes costaba una hora hacer la investigación, ahora cuesta cinco minutos”, explica Josh, sargento de la Policía de Hialeah.
El hombre que alguna vez dedicó sus esfuerzos a evitar que la policía encontrara sus dispositivos ahora enseña a los agentes precisamente cómo encontrarlos.
“Antes la meta era que la policía no pueda coger lo que tengo. Ahora es: vamos a ver si puedo coger lo que está haciendo la gente como hacía yo”, dice Pérez.
Su motivación también cambió.
Ya no habla de dinero rápido, sino de las personas que terminan pagando las consecuencias del fraude.
“Ahora le están robando a la gente pobre y se están quedando sin comida, sin nada”, asegura.
Pérez no pretende borrar su pasado. Sabe que forma parte de su historia y que las consecuencias de sus decisiones no desaparecen.
“Nunca me voy a sentir satisfecho como que borré lo que hice, porque siempre se queda… pero me siento mejor y que voy a ayudar poco a poco”, reconoce.
Quizás por eso, cuando habla de su nueva vida, utiliza una palabra que adquiere un significado especial después de haber pasado años tras las rejas: libertad.
“Ahora no tengo que preocuparme… puedo hablar como soy”, dice. “Me siento más libre”.
Pérez ahora envía un mensaje a quienes puedan sentirse atraídos por el dinero rápido.
"Vas a tener que pagarlo con prisión o cosas peores”.