La extraña vuelta al cole en Ceuta: "Mi hijo irá a clase aunque sea solo, no entiendo el pánico colectivo"
elDiario.es · hace 16 días
El próximo 8 de septiembre los niños ceutíes retoman las aulas tras la crisis migratoria, mientras miles de migrantes siguen durmiendo en sus calles ante la falta de plazas de acogida. Algunos vecinos aseguran que no llevarán a sus hijos a clase y el Gobierno ha activado un plan que incluye vigilancia privada las 24 horas en los centros educativosEl Gobierno toma el control del puerto de Ceuta para ubicar allí a más de un millar de migrantes
Las notificaciones se acumulan en los grupos de mensajería donde muchas familias ceutíes reciben mensajes del colegio de sus hijos. Al chat de Salma llegan mensajes de padres y madres preocupados por el nuevo curso de sus hijos tras la crisis migratoria. Algunos dicen temer que algo les pase en su camino a la escuela, por la presencia de migrantes en situación irregular en las calles ante la falta de una respuesta de acogida rápida por parte del Gobierno central y el local. Otras familias ya han comunicado que no llevarán a sus niños a clase, pero Salma lee los mensajes con sorpresa, cuando ya casi tiene preparada la mochila de su niño para la vuelta al cole el próximo martes 8 de septiembre.
En la barriada del Príncipe, una de las que más ha notado la presencia de personas durmiendo a la intemperie y donde se están produciendo algunos ataques nocturnos de grupos de vecinos contra migrantes o entre ellos, la mujer asoma la cabeza a través de la puerta de su casa y evidencia su incomprensión ante el ambiente de pánico que percibe a su alrededor. “No pienso dejarle en casa. No sé si seré la única que le lleve, pero no entiendo ese pánico. Es solo ir a la escuela, y allí está con los profesores. Hasta han puesto seguridad. Ni que les fueran a matar”, dice la mujer, frente a un grupo de jóvenes migrantes que pasan las horas delante de su vivienda.
Su posición no es la de muchos de los vecinos de Ceuta que, incluso viviendo en zonas sin asentamientos de migrantes y sin apenas presencia de estos por las calles —porque durante estas semanas la policía les ha presionado o forzado para expulsarlos de determinadas áreas y concentrado en otras zonas más empobrecidas—, expresan una mayor preocupación por la incorporación de sus hijos al colegio o instituto, especialmente por su sensación de inseguridad ligada a la inmigración.
El inicio del curso escolar en Ceuta llega en un contexto complejo, con la ciudad en crisis humanitaria, con miles de personas en situación de calle tras la llegada de más de 70.000 migrantes y una lenta respuesta a la emergencia por parte de las instituciones. Los niños ceutíes retoman la escuela después de que algunos de sus centros educativos —también en las zonas de menos renta de la ciudad— hayan sido utilizados para alojar a personas migrantes, o cuyos alrededores aún mantienen pequeños asentamientos de los adultos y menores que aún esperan una plaza de acogida por parte del Gobierno central y local.
El plan: vigilancia privada 24 horas y flexibilidad
Volver a clase esta semana ha requerido un plan de urgencia. Desde el Ministerio de Educación, que tiene las competencias educativas en las ciudades autónomas, han realizado un plan de acción en las últimas semanas con el objetivo de asegurar un regreso a las aulas en circunstancias de seguridad. “Estamos en condiciones de garantizar que los colegios son un espacio seguro y el profesorado va a poder desempeñar su trabajo”, explica Cristóbal Guzmán a elDiario.es, director provincial del Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFPD). Los centros que sirvieron de albergue provisional para cientos de menores fueron desalojados el 17 de agosto y sometidos a desinfecciones extraordinarias antes del inicio del curso.
En una apacible terraza del centro de la ciudad, una familia desayuna en la zona más céntrica y con mayor renta de ciudad. En el área amurallada y sus alrededores, apenas se perciben ya los efectos de la llegada de más de 70.000 personas en el mes de julio. “Tenemos mucho miedo, no vamos a dejar que vaya sola al colegio, porque a veces a esa hora aún está oscuro. Nos da miedo que le hagan algo. Yo les miro la cara y me genera cosas horribles”, explica uno de sus miembros. Reconocen que nunca les han hecho nada. Tampoco ninguno de ellos ha presenciado un hecho delictivo de los recién llegados, solo han oído rumores del boca a boca, pero su sensación al verlos por las calles es de inseguridad.
“Por si acaso, mi hija no baja por la noche desde finales de julio. Prefiero no arriesgarme”, explica una madre ceutí. Este miedo, trasladado por varias familias residentes en el centro de la ciudad, choca con la tranquilidad que reina en la zona amurallada en comparación con otras áreas que sí concentran a la mayoría de población migrante. “Está más tranquilo, pero yo solo de ver a uno de ellos me pongo nerviosa”, dice otra vecina residente en este punto de la localidad.